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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 896

Martina contuvo el aliento por un segundo.

—¡Por lo menos no deberían tratarme como si fuera basura!

—Ahorita no tengo tiempo para tus dramas. Si tanto te urge pelear, espérate a mañana que me desocupe...

—Me estafaron y se quedaron con mi departamento. ¿Fue idea tuya?

Elsa se desconcertó.

—¿Qué estás diciendo?

—¡El departamento que compré en las afueras! Alicia me dijo que la familia Quintero pedía una propiedad como dote y que la pusiera a su nombre temporalmente, asegurando que me la devolvería después de la boda. ¡Pero los Quintero nunca pidieron nada! ¡Ella y mi papá se aliaron para estafarme! Sin embargo, me niego a creer que me hayan hecho una jugada así por su cuenta... ¡seguro fue idea tuya!

Elsa suspiró pesadamente un par de veces. Su mirada pasó por distintas emociones, hasta que al final solo quedó repulsión.

—Si cualquier persona te saca un departamento con dos o tres palabritas, ¡es porque de verdad no usas la cabeza!

—¡No eran cualquier persona, son mi papá y mi hermana!

—¡La familia es de quien más deberías cuidarte!

—Entonces... ¿entonces de verdad me vieron la cara? ¿Y tú... tú ni siquiera sabías?

Elsa cerró los ojos un instante intentando mantener la calma.

—Lo platicamos mañana. ¡Ahorita, vete a tu casa!

—¡No! ¡Tengo que aclarar esto con ellos ahorita mismo!

—¡Ya te dije que hay visitas!

—¿Tan poca cosa soy que ni siquiera tienes el valor de presentarme decentemente?

—¡El invitado es Romeo!

Martina se quedó helada. Era él.

Aunque, pensándolo bien, tenía todo el sentido del mundo. Estaba a nada de casarse con Alicia, pronto sería oficialmente parte de la familia; era lógico que frecuentara la casa.

—Por eso te pido que te vayas ahorita. Te prometo que te daré una explicación después.

Martina se quedó en silencio un momento, pero terminó negando con la cabeza.

—¡Apúrate, súbete ya! —la apuró Elsa en un susurro.

De pronto, Martina giró la cabeza para ver directamente a su mamá.

—Si yo no hubiera cortado con él en su momento, ahorita sería yo la que estaría sentada ahí. Y ustedes jamás se atreverían a tratarme así, ¿verdad?

Elsa arrugó la cara.

—¡¿De qué demonios sirve que saques eso ahorita?!

—Si yo fuera la que se estuviera casando con él, estarían besándome los pies. No solo no me estarían corriendo por la puerta de atrás, sino que me tendrían en un maldito pedestal.

—¡No somos unos convenencieros!

—Ahora me arrepiento. Nunca debí terminar con él, y mucho menos debí irme al extranjero a matarme trabajando para pagarle las deudas a Rubén Palacios, costearle la carrera a Alicia y pagar tus tratamientos médicos. Todo mi esfuerzo se lo eché a los perros. Y a unos perros bien malagradecidos, por cierto.

—¡Vete para arriba ahorita mismo!

Martina dejó escapar un suspiro cargado de resignación, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras.

Se arrepentía. Vaya que se arrepentía.

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