Quería ganarse a la directiva y terminó haciendo el ridículo. Ahora, no le quedaba más que dedicarse a corregir el diseño, con la esperanza de que la próxima vez se lo aprobaran.
Por la tarde, Isabella salió a prepararse un café para despejarse.
Cuando regresaba a su estudio con la taza en la mano, vio a Otilia adentro, mirando sus borradores de diseño.
—¡Suelta eso! —le ordenó con dureza.
En otras ocasiones, podía jugar un poco con ellos, pero con el trabajo era muy seria.
Otilia, sorprendida por su tono, hizo una mueca y dejó los papeles.
—He visto que llevas dos días encerrada en el estudio. ¿Estás trabajando en esto? Pero, ¿no que no tenías trabajo? ¿Acaso entraste a otra empresa?
—No es asunto tuyo.
—Bella, sé que hemos tenido malentendidos, pero yo todavía te considero mi mejor amiga. No deberías hablarme así ni ocultarme que estás trabajando.
—No tengo tiempo para ti ahora. Por favor, sal.
—Bella…
—¿Se te olvida que esta es mi casa? ¿Quieres que te eche?
Sus palabras fueron tan duras que Otilia soltó un resoplido de indignación y se fue.
Isabella suspiró, tratando de sacar de su mente a Otilia y todas esas tonterías para volver a concentrarse en su propuesta.
Esa noche también se quedó dormida en el estudio. Ya de por sí no había dormido bien, y para colmo, una llamada la despertó temprano.
—Isabella, soy yo.
Isabella miró la pantalla del celular. Era una colega con la que se llevaba bastante bien.
—¿Te despidieron del Grupo Triunfo? ¿Por filtrar una propuesta a la competencia?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...