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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 105

Tras decir eso, Martina observó instintivamente las facciones de Erika y le preguntó con un tono sombrío:

—¿Te duele verlo así? ¿Verdad?

Erika se le quedó viendo fijamente; abrió la boca, pero las palabras no le salieron.

Al verla tan deprimida, Martina le dijo con toda la buena intención:

—Ay, Eri. Te ha hecho tantas perrerías que, la neta, aunque se muera no deberías ni pararte en su funeral. Sonará muy gacho, pero piénsalo: estuviste casada con él dos años. ¿Qué te dio en ese tiempo? ¿Acaso te dio cariño, te cuidó, o te dio lana para gastar a manos llenas?

Erika frunció el ceño y murmuró melancólica:

—Marti, ya sé todo eso. Pero cuando él pidió el divorcio, a mí también se me vino el mundo encima. Yo solo quería que cada quien hiciera su vida y ya. Lo malo es que lo maldije horrible, y ahora verlo en ese estado...

—¡No manches! ¡Se supone que saliste de una buena universidad! Si las maldiciones sirvieran de algo, la gente ya ni se pelearía a golpes; nada más se sentarían a echarse maldiciones y listo.

La interrupción de Martina sonaba a regaño, pero en realidad trataba de consolarla.

Erika se quedó mirando los fideos, que ya se habían enfriado.

—¿Me estás escuchando, Eri? Lo que le pasó a él no tiene nada que ver contigo, así que ni le hagas caso a las pendejadas que te dijo Diego. Como es su asistente, a huevo lo va a defender a muerte. Ahorita te lo explico bien.

Martina agarró el plato de Erika, fue a calentarlo un poco y regresó a la mesa. Luego siguió hablando:

—En la universidad estabas loca por él, y al final lograste casarte con él. Cualquiera diría que era un sueño hecho realidad. Pero, ¿te has puesto a pensar en serio por qué se casó contigo? Ya te lo había dicho antes: ¿se iba a sacrificar nada más por darle gusto a su abuelo? Eso no va con su forma de ser.

Erika soltó un ligero suspiro, y para no menospreciar el esfuerzo de su amiga, agachó la cabeza y empezó a comer.

—Feliz cumpleaños a nuestra hermosa y buena Marti.

Si no hubiera sido por la desgracia repentina de los papás de Adrián, habría podido darle a Martina un cumpleaños precioso.

Pero las cosas nunca salen como uno quiere...

Aun así, Erika sintió que no podía dejar pasar el cumpleaños de Martina sin celebrarlo.

Martina se levantó lentamente de la silla, con los ojos llenos de lágrimas.

—Eri... muchas gracias. Mis papás fallecieron hace mucho, pero menos mal que los tengo a ti y a Adrián como amigos.

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