Pero apenas abrió la boca, Martina la interrumpió:
—Ni se te ocurra darme las gracias. Te cuido por el bien de estos bebés; al fin y al cabo, ya soy como su segunda mamá. Quédate ahí sentada, voy a servirte más agua. Tómale, y cuando ya estés más tranquila te regresas a dormir.
Erika se secó los restos de lágrimas de los ojos y asintió con una sonrisa amarga.
Cuando Martina regresó con el agua, Erika le dio unos tragos.
Al notar que su amiga todavía no se ponía la pijama, preguntó enseguida:
—¿Acabas de regresar del hospital? ¿Cómo sigue la señora?
Martina se dejó caer en el sofá, agotada. Soltó un suspiro profundo y respondió con voz apagada:
—Sí, acabo de llegar. La pasaron de urgencias directito a terapia intensiva. El doctor dijo que la van a tener en observación tres días; si aguanta esos tres días, la libra. En términos de gente normal, eso quiere decir que ya solo queda rezar...
Al llegar a esa parte tan triste, Martina se recargó pesadamente en el respaldo del sillón, con la mirada vacía fija en el techo.
Erika quiso decir algo, pero la emoción le cerró la garganta. Por un momento, no supo ni qué decir.
Ambas se quedaron sentadas en silencio durante un buen rato, y el sueño se les espantó por completo.
El ruido de las tripas de Erika sacó a Martina de sus pensamientos.
Ignorando su propio cansancio, se fue directo a la cocina y preparó dos platos de sopa de fideos con huevo y verduras.
Mientras comían, le fue advirtiendo a Erika:
—Adrián y yo nos encargamos de su mamá. Tú, por tu parte, no pienses más en nada que tenga que ver con Valerio. En fin, cualquier cosa que te ponga de malas, bórrale de tu mente. Cualquier problema o dificultad, déjanoslo a Adrián y a mí. Tu única prioridad tienen que ser los hermosos bebecitos que llevas en la panza, ¿entendido, Eri?
Erika apenas se había llevado los fideos a la boca cuando se conmovió tanto por las cálidas palabras de Martina que dejó de masticar.
Se le quedó viendo a la sopa humeante y volvió a sentir ese nudo en la garganta.
Al notar esto, Martina le dijo con un tono más ligero:
—Órale, ya lloraste varias veces hoy. Si le sigues, nuestros bebés no lo van a soportar.
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