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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 117

Lorena hizo una pausa deliberada y luego continuó con un tono aún más exagerado:

—¡Híjole! Cuando me enteré, sentí que me hervía la sangre del coraje. Desde que Vale se vio obligado a casarse con ella, nunca le faltó al respeto ni la dejó desamparada, ni a ella ni a su familia. ¿Y para qué? ¡Toda su familia es una bola de sanguijuelas muertas de hambre! ¡No solo le exprimían el dinero, también le robaban!

—¿De verdad? ¡No manches! Entonces me quedé corta con ella. Visto así, ya no me sorprende tanto que me haya robado dos clientes —respondió Vanesa elevando la voz, con una expresión de asombro tan exagerada que parecía una obra de teatro.

—¿Ya terminaron de escupir veneno? —La voz helada de Erika resonó de golpe.

—Ay, miren nada más, ya se enojó la princesa. —La mirada de Lorena iba y venía entre Vanesa y Erika, mientras su voz chillona destilaba una burla infinita.

Dicho esto, Lorena se inclinó de repente, acercándose al rostro de Erika, y añadió:

—A ver, para que luego no digas que te andamos haciendo montón. Dime, ¿qué de lo que dije es mentira? Sé que no lo vas a admitir, pero todo esto me lo contó el mismísimo Vale.

Al ver que Erika palidecía, Lorena esbozó una sonrisita. Se acercó todavía más, casi rozando la oreja de Erika con los labios, y susurró:

—Vale... oh, perdón, tu exmarido. A lo mejor no lo sabías, pero él y yo ya nos habíamos acostado desde que estábamos en Oricalco. Y estando en la cama, abrazados, me dijo que de nada te sirve esa carita bonita que tienes, porque en la intimidad eres peor que una piedra, que no tienes nada de gracia.

»También me dijo... que toda tu familia es una bola de vividores y que los odia. Ah, y que le dabas asco con solo verte...

—Si tienen pruebas de que cometí algún delito, enséñenlas de una vez y déjense de estupideces —exigió Erika con una voz ronca y sin emociones.

Lorena se quedó desconcertada un par de segundos y se enderezó lentamente. Observó a Erika frente a ella; sus ojos habían perdido cualquier rastro de dolor y, de repente, su rostro mostraba una calma absoluta. En cuestión de segundos, parecía otra persona.

¿Qué pasaba? Su mentira había sonado muy creíble, ¿acaso a Erika no le dolió escuchar eso? ¿No debería haber saltado como fiera para agarrarla de los pelos?

¿Dónde había quedado la actitud brava que le montó en la oficina de Valerio? ¡Qué ganas de que Erika se le fuera a los golpes! Así podría mostrarle los moretones a los policías y hacer que le cayera más peso encima a Erika.

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