En ese instante, la voz provocadora de Vanesa intervino:
—Ay, Lorena, ya escúchala. Parece que le urge que la metan a los separos. Mejor dejamos la plática para después, ¿no crees?
Dicho eso, Vanesa sacó su celular, abrió un archivo de audio y le extendió unos audífonos a Erika.
Erika dudó un momento, pero terminó por ponérselos. Quería escuchar de qué diablos la estaban acusando. Se ajustó los audífonos y le dio play.
De inmediato comenzó a reproducirse una plática entre Carla y un hombre desconocido.
—Toda la información que saqué de Estudio Lumina está aquí. Te la vendo por cincuenta mil pesos, ni un centavo menos —se escuchó decir a Carla.
—Trato hecho. Aquí tienes los cincuenta mil —respondió la voz masculina—. Pero mira, acá hay otros cincuenta mil... todo depende de si los quieres o no.
—¿A qué te refieres?
—Tú bien sabes que traficar con esta información te puede traer problemas. ¿No sería mejor tener a un chivo expiatorio para que cargue con el muertito? Si lo haces, este dinero extra es tuyo.
Tras las palabras del hombre, el audio hizo una pausa. El corazón de Erika latía con fuerza, presintiendo lo peor.
Segundos después, la voz de Carla regresó, pero esta vez sonaba alterada:
—¿Quién eres? ¿Qué tratas de decir con eso?
Y el hombre le respondió sin perder la calma:
Se escuchó un nuevo forcejeo y los gritos histéricos de Carla. Después, el tono del hombre se volvió implacable:
—Demasiado tarde. Si le sigues jugando a la heroína, en este instante le mando el video del intercambio a la policía. Tú decides: o te pudres en la cárcel o haces lo que te digo.
Al llegar a ese punto, Erika sintió que se quedaba paralizada. ¡No daba crédito a lo que acababa de escuchar! Sus manos empezaron a temblar sin control mientras se quitaba los audífonos con lentitud.
Vanesa, que había estado esperando pacientemente, notó su reacción al vuelo. Estiró la mano y le arrebató el celular de golpe, jalando los audífonos.
¡Hasta ese segundo, Erika comprendió la magnitud de esa grabación! Su corazón comenzó a latir a mil por hora. Necesitaba ese archivo; si Vanesa se lo llevaba, se quedaría sin la única prueba para defenderse...
Pero cuando intentó ponerse de pie para arrebatárselo, el avanzado embarazo la hizo torpe. Vanesa fue mucho más ágil: esquivó fácilmente el manotazo de Erika y enseguida le volteó la pantalla del celular en la cara.

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