En ese instante, la voz provocadora de Vanesa intervino:
—Ay, Lorena, ya escúchala. Parece que le urge que la metan a los separos. Mejor dejamos la plática para después, ¿no crees?
Dicho eso, Vanesa sacó su celular, abrió un archivo de audio y le extendió unos audífonos a Erika.
Erika dudó un momento, pero terminó por ponérselos. Quería escuchar de qué diablos la estaban acusando. Se ajustó los audífonos y le dio play.
De inmediato comenzó a reproducirse una plática entre Carla y un hombre desconocido.
—Toda la información que saqué de Estudio Lumina está aquí. Te la vendo por cincuenta mil pesos, ni un centavo menos —se escuchó decir a Carla.
—Trato hecho. Aquí tienes los cincuenta mil —respondió la voz masculina—. Pero mira, acá hay otros cincuenta mil... todo depende de si los quieres o no.
—¿A qué te refieres?
—Tú bien sabes que traficar con esta información te puede traer problemas. ¿No sería mejor tener a un chivo expiatorio para que cargue con el muertito? Si lo haces, este dinero extra es tuyo.
Tras las palabras del hombre, el audio hizo una pausa. El corazón de Erika latía con fuerza, presintiendo lo peor.
Segundos después, la voz de Carla regresó, pero esta vez sonaba alterada:
—¿Quién eres? ¿Qué tratas de decir con eso?
Y el hombre le respondió sin perder la calma:

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