Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 151

¿De verdad se había equivocado?

Ella solo quería quitar de su camino a cualquier mujer que pudiera interponerse en su futuro para convertirse en la señora Ramírez.

Pero ahora...

Al pensar en eso, el rostro lleno de resentimiento de Lorena se transformó de nuevo en una máscara de profunda aflicción.

Se aferró lentamente de la manga de la camisa de Valerio y, en un tono lleno de arrepentimiento, suplicó:

—Vale, perdóname... Fue un arranque de estupidez, te juro que no pensaba con claridad. Sé que cometí un error. Dame una oportunidad para remediarlo, ¿sí? Puedo ir a rogarle a Erika; con tal de que me perdone, haré lo que sea necesario. ¿Me dejas intentarlo? Vale...

Valerio le soltó fríamente dos palabras:

—Es tarde.

Esa actitud tan gélida destrozó por completo el corazón de Lorena.

Sus manos temblorosas soltaron la manga del traje de Valerio. Bajó la cabeza, quedándose completamente en silencio.

Un momento después, cuando notó que los zapatos de Valerio giraban para irse, Lorena levantó el rostro desesperada.

Justo cuando iba a abrir la boca para rogarle de nuevo, se dio cuenta de que un empleado de la casa asentía con respeto hacia una dirección en particular.

Si no le fallaba la memoria, ese pasillo daba a los baños de la planta baja.

Lorena dio un par de pasos cautelosos y fijó la vista hacia allá.

Entonces lo vio. La puerta del baño estaba entreabierta y, por el juego de luces y sombras, era evidente que había alguien parado detrás.

En este momento, no había ningún otro miembro de la familia Ramírez en la casa.

La única persona, además de Valerio, a la que el personal estaría tratando con tanto respeto a esas alturas, debía de ser Erika.

Lorena se limpió las lágrimas de inmediato, se aclaró la garganta y, mirando la espalda de Valerio, gritó con voz entrecortada:

—¡Vale! ¡Estoy embarazada!

Ese grito hizo que Valerio, quien apenas se había alejado unos pasos, se detuviera en seco.

Al mismo tiempo, Erika y Cristina, que estaban dentro del baño, se quedaron pasmadas.

Lorena vio la espalda implacable de Valerio y, sin importarle el dolor que sentía en el pecho, salió corriendo tras él.

—Vale... Vale... —lo llamaba, trotando detrás de él mientras volvía a usar ese tonito delicado de siempre.

Para cuando ambos llegaron casi a la puerta del baño, Erika y Cristina iban saliendo.

Valerio se frenó y se interpuso en el camino de Erika, impidiéndole el paso.

—Eri, estás cansada. Ven conmigo arriba a descansar.

Valerio abrió su enorme mano y se la ofreció.

Toda la frialdad en su rostro había sido reemplazada por una ternura infinita, y su voz era sumamente suave.

Erika frunció ligeramente el ceño. Su mirada pasó por encima de esa mano extendida y de reojo observó a Lorena, que estaba justo detrás de él.

El maquillaje perfecto que Lorena llevaba antes ahora estaba arruinado por las lágrimas.

Sin embargo, la mirada que le clavó a Erika a espaldas de Valerio reflejaba un odio puro y sin disimulos, como si quisiera destrozarla viva ahí mismo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón