Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 152

Erika solo le dedicó una mirada fugaz antes de apartar la vista con total naturalidad.

Colocó suavemente su delicada mano sobre la palma de Valerio y preguntó con segunda intención:

—Valerio, ¿de qué platicabas con la señorita Jiménez? Mírala, tiene el maquillaje arruinado de tanto llorar.

Al sentir la mano de Erika, Valerio la entrelazó con fuerza y respondió con tono tranquilo:

—Hablábamos de cosas del pasado, nada importante. Te acompañaré a tu cuarto.

Justo cuando Valerio se disponía a llevarse a Erika, apenas habían dado unos pasos cuando el celular de su bolsillo empezó a sonar.

Con mucha delicadeza le soltó la mano y le indicó con voz cálida:

—Voy a contestar la llamada, sube tú primero. Le pedí al personal que preparara algo de postre, en un rato más te lo suben.

Erika asintió, fingiendo docilidad, y se aseguró de mostrarle una mirada igual de tierna.

Una vez que Valerio contestó el teléfono y su figura desapareció rumbo a la sala principal, Lorena clavó los ojos en Erika. Su mirada destilaba intenciones oscuras.

Caminó despacio hacia ella, esbozando una sonrisa cargada de sarcasmo y le dijo en tono provocador:

—Erika, ay, Erika... Qué tonta fui al subestimarte.

Erika ni siquiera se molestó en contestar. Sus ojos solo mostraban una barrera de hielo y desprecio.

Tomó a Cristina del brazo, dispuesta a marcharse de ahí.

Sin embargo, Lorena se le atravesó de un brinco. Para ese punto, su rostro ya reflejaba auténtica furia:

—Erika, ¿no te da vergüenza? ¿Ya están divorciados y vienes a meterte aquí para seducir a Valerio? ¿Qué, te quedaste en la calle y viniste a rogarle llorando? ¿No tienes tantita dignidad?

Lorena escupía cada palabra con tanta rabia, gesticulando y apuntándola con el dedo de forma histérica.

Toda su fachada de niña bien de alta sociedad se había venido abajo; en ese momento gritaba sin el menor control.

Al escucharla gritarle en la cara, a Erika no solo se le vino a la mente la humillación que había sufrido el día anterior.

Incluso recordó todos los años de insultos injustificados que había aguantado por parte de Penélope...

El empujón de Cristina no había sido con tanta fuerza, pero cuando Lorena estaba a punto de perder el equilibrio, notó que la sombra de alguien pasaba cerca de la puerta principal.

Apostó a que esa figura lejana era Valerio, que volvía de su llamada.

Así que Lorena aprovechó el impulso para tirarse al piso, se agarró el vientre y empezó a llorar a gritos desgarradores.

Erika, que no se había perdido ni un solo detalle de su patético número, se cruzó de brazos lentamente y la observó como si estuviera viendo el acto de un payaso.

—Te doy un consejo, deja de fingir. El que viene ahí es Diego.

Apenas Erika soltó la frase, Lorena volteó instintivamente hacia la puerta para comprobarlo.

Ese simple movimiento provocó que Cristina soltara una carcajada al ver lo ridícula que se veía.

Esa risa hizo que la rabia de Lorena llegara al límite.

Se levantó del piso furiosa, sacudiéndose el vestido a manotazos mientras fulminaba a Erika y a Cristina con la mirada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón