Sus movimientos delataban que estaba frustrado e inquieto; las emociones que reprimía en sus ojos eran como una tormenta contenida.
De vez en cuando le lanzaba una mirada a la espalda de Erika, como si quisiera decirle algo, pero se obligaba a tragar sus palabras.
En medio de aquel silencio, el tiempo parecía haberse congelado.
Hasta que alguien llamó a la puerta y rompió la tensión.
Al escucharlo, Valerio tiró el cigarro desecho al bote de basura y caminó a paso rápido para abrir.
En el pasillo estaba Diego, quien de inmediato le informó con tono respetuoso:
—Señor Ramírez, nos pidieron que vayamos al laboratorio.
La mirada de Valerio se oscureció y volteó de reojo a ver la espalda de Erika en el balcón.
Preguntó de forma casual: —¿Qué salieron en los resultados?
—No me dijeron —respondió Diego—, solo pidieron que fuera para allá.
—Entendido, espérame abajo.
Tras responder, Valerio volvió a cerrar la puerta.
Dudó un segundo y caminó lento hacia el balcón, hablándole a la espalda de Erika:
—Parece que ya están los resultados de la prueba. En cuanto a...
Mientras hablaba, la mirada de Valerio bajó hacia el costado y la cintura de Erika.
Al oírlo, Erika volteó enseguida.
Al girar, sus ojos interceptaron cómo Valerio le estaba mirando fijamente el vientre.
Erika se quedó quieta un momento, caminó a paso lento hacia él, levantó su rostro triste y lo vio a los ojos:
—Son míos, y solo van a ser míos.
Esta vez, la voz de Erika sonó baja, pero firme.
Valerio le devolvió la mirada hacia abajo y tragó saliva sin poder evitarlo.
Parecía que quería replicar algo, pero al ver lo pálida que estaba, se guardó el comentario.
Un momento después, solo le dijo:
—Tú descansa.
Dicho eso, salió a zancadas de la recámara sin mirar atrás.
Erika se le quedó viendo a la puerta cerrada.
Arrastró los pies hasta el sofá y se dejó caer en él.
Se movía sin prisas, dándole vueltas al asunto en su cabeza.
«Si Diego viene a recogerme a esta hora, seguro es para llevarme al laboratorio ese».
«Al parecer, ya entregaron los resultados».
Erika no bajó de inmediato, primero le pidió a Sofía que se retirara.
Luego, fue hacia el clóset, sacó una bolsa de papel y guardó las pocas pertenencias que tenía en ella.
Una vez que guardó todo, volvió a echarle un vistazo a la habitación y dejó escapar otro suspiro profundo.
No tenía ni idea de cómo iba a tratar de arrebatarle a sus bebés a partir de ahora.
Pero esa preocupación en el fondo de su ser se volvió aún más asfixiante, llenándole el pecho de nerviosismo y terror.
Al salir del cuarto con la mente nublada, vio de reojo el frutero en la mesita de centro...
***
En la planta baja, Diego daba vueltas impaciente por la sala, insistiéndole a Sofía una y otra vez que subiera a apurar a Erika.
Sofía asintió y ya iba de camino a las escaleras.
En ese instante vio que Erika bajaba poco a poco con una bolsa en la mano.

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