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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 176

Se hizo un silencio incómodo.

—Erika, ¿tienes idea de lo que estás diciendo?

La voz de Valerio llevaba una nota de enojo difícil de contener.

Su pecho subía y bajaba sin parar, como si quisiera demostrar lo mucho que le había molestado ese comentario.

Valerio, de pie frente a ella, la miraba con superioridad; sus ojos enrojecidos parecían a punto de escupir fuego.

Erika lo miró de reojo con cautela.

«¿Qué estaba diciendo? ¿Qué era lo que él quería escuchar?».

Aunque había sido una pregunta, por su tono de voz quedaba claro que él estaba seguro de que ella era ese tipo de mujer.

Además, ya había soltado esos comentarios repugnantes más de una vez.

Si ella le daba la razón para seguirle la corriente, ¿acaso estaba mal?

¿Qué más quería de ella?

Erika de verdad ya estaba harta de ese tipo de confrontaciones.

—Valerio, creo que ya no hay ningún tema del que tengamos que platicar a la fuerza. Estoy cansada, por favor, vete.

Erika lo corrió fríamente de la habitación.

Pero en cuanto terminó de hablar, Valerio se le acercó de nuevo.

Solo se detuvo hasta acorralarla contra la pared.

—¿De verdad? ¿No hay de qué platicar? Entonces, ¿por qué no me cuentas con todo detalle cómo es que otros hombres te dan placer en cierto aspecto? ¿Cómo es que son más atractivos que yo?

Esas palabras llegaron a los oídos de Erika, y en ellas solo pudo notar un tono burlón y bastante descarado.

Pero esta vez, Erika no hizo ningún coraje.

Al principio del embarazo, ya había sufrido de mareos en varias ocasiones debido a las bajadas de azúcar comunes en su estado.

Le había costado mucho estabilizar su salud, pero últimamente, sus emociones habían sido una montaña rusa.

Erika soltó todo eso de corrido, como si hubiera agotado hasta la última gota de su energía.

No sabía si era por el cansancio que sentía en el alma o porque se sentía extremadamente agraviada.

Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero se contuvo con todas sus fuerzas para no dejarlas caer.

Se quedó ahí, recargada en el barandal, mirando a lo lejos. Pasó un buen rato desde que terminó de hablar, y lo único que percibía era el ligero perfume de Valerio a sus espaldas, junto con su respiración pesada.

No escuchó que él le respondiera nada.

«¿Acaso mis palabras surtieron efecto? ¿Será que a partir de ahora me dejará en paz?».

«¿O será que lo que le dije solo lo hizo enfurecer más?».

«¿Esa respiración tan pesada es la señal de que está a punto de explotar?».

Erika se quedó dándole vueltas a todo eso en su cabeza sin mostrar ninguna expresión...

Mientras tanto, a sus espaldas, Valerio sacó un cigarro del bolsillo sin que ella se diera cuenta y no paraba de jugar con él entre los dedos.

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