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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 187

En el largo pasillo, Valerio se quedó petrificado.

Clavó su mirada afilada en la espalda de Erika mientras se alejaba, con los ojos llenos de emociones encontradas.

***

En una bodega abandonada y a media luz, una mujer le informaba la situación a otra con tono servil.

—Señorita Jiménez, según lo que vimos en el estacionamiento de la clínica, Ireneo ya se encontró con Erika. Los vi subir juntos con mis propios ojos.

Al escuchar el reporte, Lorena esbozó una sonrisa maliciosa.

Se quitó lentamente la gorra, sacudió su cabello y un destello de crueldad apareció en su mirada.

—Perfecto. Quiero ver qué demonios va a hacer la perra de Erika para salvar a sus hijos.

La voz de Lorena sonó aguda y cortante; estaba consumida por el coraje y la envidia.

Recordó el día que fue a buscar a Valerio y, de pura casualidad, escuchó semejante noticia frente a la puerta de su estudio.

¡La maldita de Erika estaba embarazada!

Ella había sacrificado tanto por Valerio, pero nunca logró ganarse su corazón.

Que Erika estuviera esperando un hijo la llenaba de rabia.

Además, ¡estaba embarazada, sí, pero ya estaban divorciados y seguía de resbalosa provocando a Valerio!

Lo que más la había sorprendido era que Valerio ni siquiera creía que los bebés fueran suyos.

Al principio, había pensado en buscar una forma de deshacerse del embarazo de Erika por su cuenta.

Pero cuando escuchó que Valerio había mandado a traer a un especialista del extranjero para la prueba de paternidad, la sangre le hirvió de emoción.

A los expertos en esa área que conocía Valerio en el extranjero, ¡ella también los conocía!

En ese momento, Lorena intentó adivinar de quién se trataba.

Sabía que esa persona era la pieza clave; solo a través de él podría echar a andar su plan.

No solo mataría a los hijos de Erika, sino que aprovecharía para destruir por completo cualquier lazo entre ella y Valerio.

Además, había mandado a alguien para filtrar todo esto de forma anónima a Ireneo.

A estas alturas, la imagen que el anciano tenía de Erika ya debía estar por los suelos.

Quería ver cómo sobreviviría Erika de ahora en adelante.

Al pensar en ello, Lorena soltó una carcajada; casi podía saborear la expresión de agonía de su rival.

Su risa resonó un rato y se detuvo de golpe.

Lorena soltó un bufido frío. Todo era culpa de esa perra.

No solo logró que metieran a Vanesa a la cárcel, sino que arruinó la imagen de Lorena frente a Valerio.

Valerio le había dado tres días para entregarse en la comandancia.

Pero ella había huido; ahora ni siquiera se atrevía a volver a su casa...

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