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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 189

Era como si estuviera platicando de un trámite cualquiera con el médico.

—Pero... —La enfermera que había hablado se quedó con la boca abierta del susto.

Esta mujer estaba completamente destrozada por culpa de Valerio, el mismo hombre con el que tantas mujeres soñaban casarse.

Estaba perdiendo la cabeza. Había enloquecido...

El resto del personal comenzó a murmurar, intercambiando susurros preocupados.

Valerio frunció el ceño, levantó la mano derecha y dio un suave ademán hacia atrás.

Diego, que estaba a sus espaldas, entendió la orden de inmediato.

En menos de un minuto, sacó a todo el personal del quirófano.

Erika observó todo con frialdad, como si viera una obra de teatro ridícula.

Desde que escuchó los golpes desesperados en la puerta, una sensación de inquietud le había empezado a picar en el pecho.

No había logrado escuchar bien lo que dijeron los médicos después de eso, pero supo que algo andaba mal.

¿Qué onda? ¿En serio iban a cancelar la cirugía de la nada?

Cuando las puertas volvieron a cerrarse, Valerio ordenó con voz severa:

—Bájate de ahí. Mandaré a alguien a dejarte. No voy a repetirlo por tercera vez.

Erika reaccionó, lo miró fijamente y volvió a reír.

—Valerio, te asustaste. ¿Por qué te entró el miedo de pronto? ¿No que aguantabas mucho?

Tan pronto como habló, una sombra se abalanzó sobre ella.

Al segundo siguiente, sintió que la levantaban por los aires.

Para cuando reaccionó, Valerio ya la había bajado en brazos de la camilla.

Erika soltó un bufido y retomó lo que le decía antes:

—Valerio, ¿qué teatrito traes? ¿Te acobardaste? Armaste todo este numerito y ahora resulta que echas marcha atrás... ¿Te dio vergüenza quedar como idiota y por eso te inventaste un reporte falso para parar la cirugía?

—¿Acaso no sé yo si estoy enferma o no? Y si lo estuviera, ¿no te vendría mejor? ¡Mátenme, al fin y al cabo tú tienes el poder para hacerlo pasar por negligencia médica! ¡Ándale! ¡Diles a esos infelices que entren y operen!

Las palabras histéricas de Erika acababan de salir de su boca cuando Valerio se inclinó bruscamente sobre ella.

Apoyó un brazo en el reposabrazos de la silla y le exigió con voz ronca:

—¿Estás loca? ¡¿Qué maldito berrinche estás armando?!

—¡Sí! ¡Claro que estoy loca! ¡En vida no puedo contigo, pero te juro que si me muero, te voy a atormentar hasta en el infierno!

—¡Erika! —rugió Valerio.

Le agarró la barbilla sin delicadeza alguna, obligándola a mirarlo a los ojos.

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