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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 190

Valerio la miró tan de cerca que, por un segundo, sintió que no la conocía.

La mujer que tenía enfrente estaba pálida como un muerto, con los labios resecos.

La desesperación que vio en su mirada lo sobresaltó.

Hasta su cabello, que normalmente lucía oscuro y sedoso, parecía haber perdido su brillo.

Unos mechones sueltos le caían sobre la cara blanca, haciéndola lucir sumamente demacrada.

Valerio tragó saliva involuntariamente, frunció el ceño y escupió palabra por palabra:

—Erika, nunca he querido lastimarte. ¡Lo que no voy a tolerar es que lleves la cría de otro hombre en el vientre! ¿Entiendes?

Erika lo miró con odio y articuló despacio:

—Me vale madres si lo toleras o no. Deja de decir pendejadas y dile al doctor que entre. Los carniceros que contrataste saben hacer muy bien su trabajo. ¿Qué pasa? ¿En serio tienes miedo?

—¡Cállate ya! —gruñó Valerio, apretando más el agarre de su mano.

—¿Estás asustado? Si admites que tienes miedo, yo te firmo los papeles. ¡Incluso te escribo una nota aclarando que yo me quise morir por voluntad propia!

Erika ignoraba sus amenazas, reclamándole fuera de sí.

—¡Te dije que te calles! —Valerio se le echó encima otra vez; las venas de su frente se marcaban más y su gruñido se convirtió en un grito ensordecedor.

A pesar de tener la cara levantada a la fuerza, Erika no cedió ni un milímetro. Le clavó los ojos, rabiosa:

—¿Por qué me voy a callar? Eres un cobar... ¡Mmm!

Mientras Erika seguía disparando insultos y reclamos, de repente, sus labios fueron sellados.

¡Estaba paralizada!

¡Peló los ojos como platos!

¡Él le tapó la boca, pero la estaba tapando con sus labios!

¡Estaba enfermo, completamente enfermo de la cabeza!

Erika lo empujó con todas sus fuerzas, pero en un segundo, Valerio usó la otra mano para sostenerle la nuca, atrapándola.

Estando sentada y aplastada por su peso, le era imposible moverse. Valerio le sujetaba el cachete con una mano y la nuca con la otra.

—¡Tú! ¡Eres un monstruo...!

Le gritó Erika mientras levantaba la mano para darle una cachetada. Sin embargo, apenas subió el brazo, un malestar punzante la recorrió.

En el instante en que frenó el golpe, un silencio incómodo invadió el ambiente...

Llena de pánico, bajó la vista hacia donde estaba sentada.

El mal presentimiento se clavó en su estómago. Al no poder ver bien, empujó a Valerio de golpe y se levantó rápido para revisar la silla.

Sobre el asiento blanco resaltaban unas gotas de sangre increíblemente llamativas.

Con la mano temblando, Erika se tocó el borde de la ropa...

Era sangre. Sangre que escurría de su cuerpo.

Mientras los labios de Erika temblaban sin poder emitir sonido, Valerio la cargó en brazos nuevamente.

Ignorando el dolor en su brazo, corrió con ella hacia el exterior del quirófano:

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