Entrar Via

La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 20

Erika lo siguió en silencio arrastrando los pasos con pesadez.

Ya quería ver con qué jugada iba a salir esta vez.

Una vez adentro, Valerio no hizo amago de entrar a ninguna casa en específico, sino que caminó hacia los jardines de un costado. Se paró justo enfrente del estanque como esperando a que ella llegara a su lado.

Erika intuía que ese día algo andaba mal con él, aunque no sabía exactamente qué.

Aun así apretó el paso, pero se detuvo a cierta distancia sin llegar hasta donde él estaba.

Valerio, que estaba de espaldas a ella, se volvió lentamente; la luz del atardecer le marcaba las facciones con claridad.

Erika no se enamoró de ese hombre con porte de rey desde el día de su compromiso; lo había llegado a querer desde sus años de juventud.

Ella sabía perfecto que este no era momento para recordar con tristeza, y ni ganas tenía de evocar esos sentimientos.

De modo que, se le fue directo al grano:

—Dime. ¿Para qué me querías ver?

Valerio avanzó un par de pasos, se inclinó un poco con su gran altura, y bajó la voz a un tono mucho más amigable:

—Hay que darle tiempo a lo del divorcio, podemos dejarlo en pausa.

Erika lo rechazó de inmediato sin dudar:

—Valerio, la verdad no me interesa tu excusa, no estoy de acuerdo. Nos divorciamos mañana mismo.

Al mismo tiempo, ella dio un paso para atrás para mantener la barrera.

Cuando él vio su reacción, le generó un tremendo malestar.

Su voz pasó de tranquila a helada debido a la molestia que traía guardada:

—No te estoy pidiendo permiso. Te estoy avisando.

Erika levantó apenas la mirada para verlo.

Hubo una época en que cualquier gesto suyo, una sola mirada e incluso el ritmo de su respiración...

Todo en él se le hacía absolutamente perfecto.

Desde cualquier ángulo, Valerio estaba seguro de que Erika accedería a aplazar el divorcio.

Sin embargo, en ningún momento le pasó por la mente que ella fuera a darle una respuesta de ese tipo.

Todo había empezado porque él pidió la separación, y ahora la que tenía más prisa era ella.

Valerio caminó despacio, acercándose aún más a ella.

A Erika le llegó de inmediato su tenue perfume, ese mismo aroma que durante más de un año había aprendido a reconocer al instante.

Por puro reflejo, se puso a la defensiva de inmediato.

Volvió a dar unos pasos para atrás, tomando distancia de él una vez más.

Pero esta vez, por cada paso que ella retrocedía, él avanzaba uno.

Así siguieron hasta que la espalda de Erika chocó contra el muro del jardín, dejándola acorralada y obligándola a detenerse.

—Ya te dije todo lo que tenía que decir. Si no se te ofrece nada más, me retiro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón