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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 233

Valerio no le respondió. Caminó hacia el recibidor y abrió un cajón.

Sacó su maletín, extrajo de él una tarjeta bancaria y regresó al lado de Erika:

—Toma esto. Compra lo que quieras.

Erika se levantó despacio del sofá, clavó la mirada en la tarjeta y, fingiendo vacilación, dijo:

—Aún te debo dinero, no me parece correcto.

Valerio le metió la tarjeta directamente en la mano.

—Si te la doy, la agarras.

Esta vez, Erika no se hizo del rogar; de verdad tenía un par de cosas que comprar al día siguiente.

Incluso se arrepentía de no haber aceptado esa enorme cantidad de dinero en el momento del divorcio.

Era una compensación legal y totalmente justificada, pero su orgullo la hizo rechazarla. De no haberlo hecho, no estaría en esa situación ahora.

—¡Gracias! —agradeció Erika en voz alta, sonando extremadamente sincera.

Valerio frunció el ceño. Sin decir ni una palabra más, dio media vuelta y salió de la sala.

Afuera, ya había anochecido por completo.

Ricardo, que seguía bebiendo en la mesa larga, parecía completamente ido desde que vio el rostro de Erika; no se parecía en nada al de hacía unas horas.

Tomaba su trago en silencio y se mantenía ajeno a los juegos y las bromas entre Santiago, Manuel e Isabel.

Al observar esa escena, Valerio no pudo evitar relacionarlo mentalmente con Erika.

¿Por qué alguien que se la estaba pasando tan bien cambió por completo tras salir de la sala?

Era obvio que algo le preocupaba.

Valerio sacó un cigarro, se lo ofreció y preguntó a propósito:

—¿Qué pasó? ¿Apenas regresas al país y ya tienes problemas en la cabeza?

Ricardo soltó una sonrisa amarga y le dio un buen empujón a Valerio.

—Eres un cabrón, siempre sales con tus bromitas. Ay... creo que tu amigo simplemente no tiene pegue, ni a una mujer puedo retener.

Valerio respondió con calma:

—Eso es porque en el fondo no querías retenerla. Además, todo esto depende del destino. Si les toca, se van a volver a encontrar.

Al terminar de hablar, levantó su copa para chocarla con la de Ricardo.

—Órale, tómale. Eres un hombre hecho y derecho, no andes con lloriqueos.

Ricardo alzó su vaso, brindó haciendo chocar los cristales y suspiró:

—Oye, Valerio, dime la verdad, ¿crees que los cuatro vamos a terminar solos en la vida? Yo que por fin encuentro a una que me late, ¡y se me escapa! Por otro lado, Santiago y el otro andan igual; uno se la pasa peleando con su novia y al otro le acaban de poner los cuernos. Y tú... pareciera que de plano no te interesan las mujeres. Dime la verdad, ¿te gustan los hombres? Porque si tienes esas mañas, ni se te ocurra fijarte en mí.

Valerio le lanzó una mirada fulminante ante el comentario.

De pronto, su cabeza se llenó por completo de Erika, la mujer que le había roto el corazón. Sin saber cómo desahogar la frustración, lo único que pudo hacer fue beberse un trago tras otro.

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