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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 235

Erika intentó soltarse, pero no tenía la fuerza suficiente para lograrlo.

Por su parte, Valerio tenía los ojos inyectados en sangre a causa del alcohol.

Bajo la luz amarilla de la lámpara, su mirada estaba cargada de un deseo imposible de disimular.

A Erika le dio un vuelco el corazón. Aunque no fuera ninguna experta en esos temas, sabía perfectamente qué significaba esa mirada en un hombre.

Comenzó a patalear con desesperación, tirándole golpes para zafarse.

No obstante, Valerio le sujetó las muñecas en un segundo, se las levantó y se las inmovilizó por encima de la cabeza.

El grito de auxilio de Erika apenas iba subiendo por su garganta cuando él le selló los labios de golpe.

Con actitud dominante y un punto de torpeza, forzó el beso y la besó con una desesperación casi salvaje.

Erika entró en pánico. Al ver que forcejear era inútil, se preparó para morderlo.

Igual que aquella vez en el hospital cuando la besó a la fuerza, él se dio cuenta rápido y le apretó la mandíbula, quitándole la fuerza para morder e impidiéndole escapar de sus labios.

El beso se volvió cada vez más intenso y brusco, como si hubiera perdido por completo el control.

Muy pronto, sus besos bajaron por sus pálidas mejillas, hasta el cuello y los hombros...

—¡Valerio, suéltame! ¡¿Acaso te volviste loco?! —exclamó Erika, aterrorizada.

Ni siquiera la vez que habían tenido intimidad, él la había besado de esa manera tan frenética.

—¡Sí! ¡Estoy loco! ¡Me estás volviendo loco, Erika! ¿Por qué me traicionaste? ¡¿Qué tienen los demás hombres que no tenga yo?!

La voz de Valerio sonó ronca y oprimida. Acto seguido, la besó con todavía más furia y calor.

Erika no era rival para su fuerza. Por más que se retorciera y peleara, todo su esfuerzo resultaba inútil.

Esa noche... ¿acaso no había manera de escapar?

Justo cuando Erika estaba muerta de miedo, él le mordisqueó el lóbulo de la oreja y le advirtió con voz sumamente ronca:

—No te preocupes, no voy a lastimar a los bebés... Solo pórtate bien.

Su mano enorme acarició su cabello con suavidad y rozó la piel de sus hombros y espalda. Con una voz apagada, le susurró al oído:

—Fui un impulsivo hace un rato. Fui un completo estúpido.

Erika, que aún no lograba dejar de temblar, se hizo bolita y hundió el rostro en el colchón.

El lenguaje corporal de Erika y la expresión de puro terror que había mostrado minutos antes, hicieron que Valerio sintiera una enorme opresión en el corazón.

¿De verdad ella no sentía ni una pizca de amor por él?

Era capaz de entregarse a otros hombres... ¿pero con él se portaba así?

En cuestión de segundos, la cabeza de Valerio volvió a llenarse de aquellas fotos. ¡Él ya estaba dispuesto a pasar por alto todo ese asunto! ¡¿Qué más quería ella que hiciera?!

En el fondo de su ser, soltó un largo suspiro de impotencia. Con sus largos dedos, le apartó con delicadeza un mechón de cabello de la cien y, en voz baja, le propuso:

—Empecemos de cero, ¿te parece? Eri.

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