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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 288

La ceniza cayó sobre su costosa camisa y en un instante le quemó un hoyito.

Valerio saltó de la silla para sacudirse rápido e intentó limpiarse con unos pañuelos.

Diego lo observó, sintiendo un nudo en la garganta al ver esa escena.

—Señor Ramírez, yo conozco a un sastre muy bueno, hace trabajos excelentes. Puede dejársela como nueva.

Diego ubicaba muy bien esa camisa.

Se la había regalado Erika antes de que se divorciaran. Aquella vez caía un aguacero tremendo y Valerio había ido a recogerla a la plaza comercial.

Como el estacionamiento subterráneo estaba llenísimo, se tuvo que quedar esperando en la entrada del edificio.

Para colmo, el paraguas que siempre traían en el coche se había perdido cuando lo llevaron a servicio, y no lo habían repuesto.

Entre toda la gente que corría esquivando la lluvia, casi todos se tapaban la cabeza con las bolsas de sus compras.

Pero Erika prefirió apretar la bolsa contra su pecho y echarse a correr hasta el coche.

Esa vez, Diego hasta le había preguntado por qué no la usó para cubrirse del agua.

Recordaba que Erika le había contestado que la bolsa de esa tienda era de papel kraft, y que con lo fuerte que estaba lloviendo y lo sucia que estaba el agua, si se le mojaba la camisa iba a perder calidad...

A Diego se le apachurraba el corazón nomás de acordarse de eso.

Una mujer que, sabiendo lo exigente que era él para vestir, prefería empaparse antes que dejar que se le arruinara la ropa...

—Sí. Asegúrate de que quede exactamente igual —interrumpió Valerio de repente.

Se levantó despacio y caminó hacia su cuarto de descanso. Al abrir la puerta, se quedó paralizado un segundo.

Le dio la espalda a Diego y le preguntó en voz baja:

—¿Aún no hay ninguna noticia?

Diego hizo un esfuerzo mental rapidísimo para entender a qué se refería.

Si ya le había dado todas las instrucciones del trabajo, solo podía estar hablando de Erika.

Diego contestó desanimado:

—No, señor Ramírez. Nada.

Incluso movió influencias para checar registros de hoteles, contratos de renta y compras de propiedades, y aun así, nada.

Como última opción, había ordenado seguir de nuevo a Martina y a Adrián.

Y apenas se dieron cuenta de que los andaban espiando otra vez, volvieron a ir a armarle bronca a su casa...

Se le cayeron todas las pistas.

Era como si a Erika se la hubiera tragado la tierra, sin dejar huella alguna.

Y, por alguna razón, últimamente Valerio lo había traído en friega, mandándolo a investigar de nuevo.

Ya habían pasado años. ¿Por dónde iba a empezar a buscarla a estas alturas?

En una de esas, el cuerpo... seguro la corriente la arrastró y quedó atrapada con algo en el fondo, cosas que se ven a cada rato en las noticias...

Mientras más le daba vueltas al asunto, más feo sentía. Y más lástima le daba.

De pronto, alguien tocó la puerta de cristal de la oficina.

Diego fue a abrir; era el gerente de ventas.

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