Fue pasando de foto en foto, ¡y se quedó completamente pasmada con lo que veía!
Erika miraba fijamente la pantalla, con los ojos muy abiertos por la incredulidad.
Seleccionó dos imágenes en particular para alternarlas, e incluso las acomodó una junto a la otra para analizarlas de cerca.
Erika se quedó muda ante las imágenes.
¡Esa tal Aurora antes no lucía para nada así!
Rápidamente, abrió los documentos de texto buscando una explicación.
Había varios archivos llenos de tablas y notas detalladas.
Era evidente que Peter había hecho una investigación exhaustiva y sumamente profesional.
Al leer el reporte, Erika lo entendió todo: ¡Aurora se había sometido a una reconstrucción facial masiva para quedar con ese aspecto!
Erika estaba confundida, por más que le daba vueltas no lograba comprender.
¿Por qué demonios esa mujer se operaría para ser igualita a ella?
Erika había leído notas de espectáculos sobre fans obsesionados que pasaban por el bisturí para parecerse a sus artistas favoritos.
Pero ella no era ninguna celebridad. De hecho, su círculo social era minúsculo y jamás subía fotos personales a redes.
¿Cómo era esto posible?
Erika volvió a examinar las fotos de cerca. La vieja Aurora apenas compartía con ella la forma de la cara, pero sus facciones eran completamente distintas. ¡La diferencia era abismal!
Al no encontrarle lógica al asunto, cerró las carpetas y empezó a redactarle un correo a Peter.
A los pocos minutos, él le contestó:
[Aquí tiene la dirección y el número de la clínica de cirugía estética. Puede echarse una vuelta usted misma para averiguar más. O si prefiere, por un cargo extra, yo voy en persona].
Erika revisó los datos; resultó ser la Clínica Renova, uno de los hospitales estéticos más prestigios de la ciudad.
***
A esa misma hora, en las oficinas del Grupo Ramírez.
Otto, el gerente de ventas, mandó llamar a Diego a su oficina y le habló con tono decepcionado:
—Diego, supe que el proyecto de producción para el «Club Caramelo» ya arrancó. ¿Le comentaste al señor Ramírez lo que te pedí el otro día? ¿Por qué no dejaron que el departamento de ventas se metiera en este proyecto?
Diego le lanzó una mirada indiferente. Sabía muy bien que Otto estaba frustrado porque no iba a poder sacar tajada del negocio.
Sí, era verdad que tenía línea directa con Valerio, pero eso no significaba que él tomara las decisiones.
Aunque, para los de afuera, Diego seguro parecía el compadre incondicional del jefe, como si su opinión fuera ley. Si realmente tuviera tanto poder, ¿para qué seguiría siendo un simple asistente?
Aún así, Diego no quería ganarse enemigos. Su expresión se tornó afligida y le dijo bajando la voz a propósito:
—Otto, entre colegas tú sabes que yo no tomo partido. Cada que me piden que le pase un recado al jefe, se lo repito palabra por palabra. Pero tú mejor que nadie conoce su carácter. Yo aquí solo recibo órdenes, no tengo voz ni voto. Desde afuera se ve fácil, pero no tienes idea de lo complicado que es mi trabajo...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón