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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 32

Erika le puso una mano en el pecho para detenerlo y dijo secamente:

—Vamos a comer.

Valerio la soltó con una expresión de satisfacción. Metió una mano en el bolsillo del pantalón y con la otra le hizo un gesto cediéndole el paso. Educado, pero distante.

Erika caminó hacia el interior sin prisa. Apenas entró al lobby, vio a lo lejos a Lorena esperándolos. No pudo evitar detenerse y voltear a ver a Valerio.

En ese momento, Lorena se acercó a ellos con pasos elegantes. Pasó de largo junto a Erika y extendió la mano para tomar a Valerio del brazo.

Valerio frunció el ceño y se soltó con delicadeza.

—Lorena, ¿no te había dicho que te fueras a casa?

—Vale, tenía muchas ganas de comer contigo. Ya sabes que solo tengo estos días libres desde que regresé; mañana tengo que reportarme en la agencia y empezar a grabar comerciales —Lorena no se sintió rechazada, al contrario, le habló con un tono meloso y suplicante.

A Erika se le puso la piel de gallina al ver la escena, y se les quedó mirando con desprecio.

Valerio le lanzó una mirada rápida y luego se dirigió a Lorena:

—Hazme caso, vete a casa. Tengo asuntos que tratar con Erika.

—No, por favor, quiero comer contigo —insistió Lorena, tomando a Valerio de la muñeca con ambas manos y balanceándola como niña pequeña.

Erika cerró los ojos y respiró hondo un par de veces. No podía lanzarse encima de Lorena a reclamarle; si lo hacía, Valerio creería que le importaba demasiado.

Pensando en esto, Erika esbozó una sonrisa cínica y dijo con voz dulce:

Acto seguido, Lorena comenzó a llorar a lágrima viva.

Erika le sostuvo la mirada a Valerio, que la observaba con furia, y comentó como si nada:

—Uy, tu querida Lorena está llorando. ¿No vas a consolarla?

Los ojos fríos de Valerio se clavaron en el rostro hermoso y sonriente de Erika por un largo momento. Estaba desconcertado; esta vez lo había dejado aún más impresionado que las anteriores. ¿Desde cuándo se había vuelto tan agresiva? ¿Fue desde que firmaron el acuerdo? ¿Acaso ella no quería divorciarse también?

—Vale, me duele el estómago... —se escuchó de pronto la voz lastimera de Lorena. Mientras hablaba, fingió debilidad, como si estuviera a punto de desmayarse.

Valerio frunció el ceño y un destello de preocupación cruzó su mirada. Erika se dio cuenta de inmediato de que esa tensión era porque Lorena había dicho que le dolía.

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