Erika le puso una mano en el pecho para detenerlo y dijo secamente:
—Vamos a comer.
Valerio la soltó con una expresión de satisfacción. Metió una mano en el bolsillo del pantalón y con la otra le hizo un gesto cediéndole el paso. Educado, pero distante.
Erika caminó hacia el interior sin prisa. Apenas entró al lobby, vio a lo lejos a Lorena esperándolos. No pudo evitar detenerse y voltear a ver a Valerio.
En ese momento, Lorena se acercó a ellos con pasos elegantes. Pasó de largo junto a Erika y extendió la mano para tomar a Valerio del brazo.
Valerio frunció el ceño y se soltó con delicadeza.
—Lorena, ¿no te había dicho que te fueras a casa?
—Vale, tenía muchas ganas de comer contigo. Ya sabes que solo tengo estos días libres desde que regresé; mañana tengo que reportarme en la agencia y empezar a grabar comerciales —Lorena no se sintió rechazada, al contrario, le habló con un tono meloso y suplicante.
A Erika se le puso la piel de gallina al ver la escena, y se les quedó mirando con desprecio.
Valerio le lanzó una mirada rápida y luego se dirigió a Lorena:
—Hazme caso, vete a casa. Tengo asuntos que tratar con Erika.
—No, por favor, quiero comer contigo —insistió Lorena, tomando a Valerio de la muñeca con ambas manos y balanceándola como niña pequeña.
Erika cerró los ojos y respiró hondo un par de veces. No podía lanzarse encima de Lorena a reclamarle; si lo hacía, Valerio creería que le importaba demasiado.
Pensando en esto, Erika esbozó una sonrisa cínica y dijo con voz dulce:


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