Al segundo siguiente, Valerio tomó a Lorena por el brazo y la llevó a toda prisa hacia la calle.
A unos metros de distancia, se detuvo y soltó una frase helada:
—Te veo a las tres de la tarde en el Registro Civil.
Erika se quedó inmóvil, viendo cómo los dos salían del hotel y subían al coche. La sonrisa de su rostro se borró por completo.
La preocupación de Valerio por Lorena era como una daga clavada en su corazón. Erika se llevó una mano al vientre, lo acarició con suavidad y murmuró para sí misma:
—Mi bebé... no pude darte una familia completa. Espero que no me lo reproches cuando crezcas.
Erika se secó las lágrimas con el dorso de la mano mientras caminaba hacia la salida.
Bajo el sol abrasador, caminó hasta encontrar una pequeña fonda. Pidió un tazón de sopa con carne, un huevo y verduras. Aunque no tenía nada de apetito, se obligó a comer por el bien de su bebé. Aun así, tragó cada bocado con un nudo en la garganta.
***
La hora acordada llegó muy rápido.
Cuando Erika se bajó del autobús y caminó hacia el edificio del Registro Civil, vio a lo lejos el inconfundible Bentley estacionado en la entrada. Le echó una mirada rápida y entró directamente al lobby.
La fila frente a la ventanilla de divorcios era interminable. A pesar de estar rodeado de tanta gente, y de que llevaba puestos unos lentes oscuros y un cubrebocas, Erika reconoció de inmediato la postura elegante de Valerio.
Estaba a punto de buscar un asiento cuando vio que Valerio le hacía una seña con el dedo. Erika dudó un instante, pero terminó acercándose.
Al llegar a su lado, él le dio unas palmaditas a la silla vacía que estaba junto a él:
—Siéntate.
Erika tomó asiento con lentitud. Tras las reflexiones del mediodía, sus emociones se habían estabilizado por completo. A su lado, Valerio se mantuvo en silencio. Eran iguales a casi todas las parejas que estaban ahí para divorciarse: esperaban mudos, como si ya hubieran agotado todas las palabras que tenían para decirse en esta vida.
Hasta el simple hecho de hablarles resultaba agotador.
Cuántos no se habrían jurado amor eterno, para terminar sentados ahí con un rencor imposible de perdonar...
Así pasó media hora. Cuando por fin dijeron su número, Erika se levantó.
Sin embargo, Valerio la tomó de la mano por detrás y le dijo:

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