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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 320

¡Pum, pum, pum!

Antes de que Erika pudiera reaccionar del todo, alguien comenzó a golpear bruscamente la ventanilla.

Aún sosteniéndose la frente, apretó el botón para bajar el cristal.

—Perdóneme, de verdad, fue mi culpa. Venía demasiado rápido. ¿Se encuentra bien?

Al escuchar la voz, Erika se enderezó poco a poco y volteó hacia el responsable.

Cuando le vio la cara, se quedó helada. Era Ricardo, el amigo de Valerio... el mismo que estaba involucrado con Aurora.

Erika apenas tuvo tiempo de rogarle al cielo que él no la hubiera reconocido.

Pero en un segundo, el hombre se inclinó, asomando casi por completo la cabeza al interior:

—¡Aurora!

Pegó un grito que por poco le revienta el tímpano.

—Ay... —Erika no pudo evitar quejarse por el punzante dolor que le subía por la frente.

—¡Te está sangrando la cabeza! ¡Vámonos al hospital! —exclamó Ricardo. Mientras hablaba, metió el brazo por la ventanilla y quitó los seguros.

Antes de que ella pudiera protestar, él ya le estaba soltando el cinturón de seguridad. ¿Acaso sus intenciones eran sacarla en brazos?

Erika alzó rápidamente una mano para rechazarlo. Agarró su bolsa y se bajó del coche con mucha pesadez.

A Ricardo ni siquiera le importó el desplante. Volvió a acercarse para sostenerla, lleno de angustia:

—Camina con cuidado. Aparte de la cabeza, ¿te pegaste en otro lado?

Erika apenas puso los pies en el asfalto cuando Ricardo ya la estaba jalando hacia la acera.

—Mi coche... —intentó decir.

—Mi asistente se encargará de arreglar todo. Tú tienes que ir a que te revisen ahora mismo —la atajó Ricardo.

De inmediato le hizo la parada a un taxi libre y ayudó a Erika a subir con muchísimo cuidado.

Le rogó al taxista que se apurara y durante todo el camino no dejó de preguntarle si se sentía mal de otra cosa.

—Señor —respondió en un tono neutro—, me imagino que ya revisó mi nombre, ¿verdad? Yo no soy esa tal Aurora a la que está buscando.

Ricardo asintió. Extrañamente, no parecía para nada desilusionado.

—Sí, ya me di cuenta. Pero tu accidente fue mi culpa, y yo me haré responsable de esto —le dijo con el mismo tono afable.

Erika lo miró fijamente un segundo y guardó silencio. Rápidamente sacó su celular de la bolsa.

Pero la pantalla ya no prendía por el impacto.

Comenzó a voltear hacia todos lados con desesperación e hizo el intento de pararse de la camilla.

Al verla batallar con el aparato, Ricardo preguntó suavemente:

—¿Te quedaste sin batería? Espérame un segundo.

Salió del cubículo y regresó de volada con un cargador en la mano.

—Gracias —murmuró Erika, dedicándole una mirada rápida y distante.

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