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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 329

—Valerio, desde hace cuatro años que ya no somos nada. ¿Qué ganas con estar fastidiando así?

La enorme mano de Valerio recorría la cintura de la mujer, acariciándola de forma pausada pero firme. Al escucharla, le contestó con frialdad:

—¿Solo porque tú dices que ya no somos nada, se acabó y punto?

—Valerio, si no puedes hablar como alguien civilizado, entonces no hay nada más que decir. ¡Déjame ir! —le reclamó Erika con fastidio, al mismo tiempo que trataba de soltarse.

Valerio entrecerró los ojos y estudió a la mujer fría y enojada que tenía en sus brazos. Había cambiado. Y parecía ser un cambio desde lo más profundo de su ser...

¡Él no se había quedado a esperarla con esta intención! ¡No quería hacerla enojar!

Pero en cuanto la vio acercarse, todo ese coraje de saber cómo se las había ingeniado para huir de él todos estos años le subió de golpe a la cabeza.

¡No pudo controlarse!

Valerio paseó la mirada por el rostro de Erika. Frunció un poco el ceño y le habló con un tono ligeramente más calmado:

—Ya, dime. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te escondiste de mí?

Erika cerró los ojos un instante y volteó despacio para verlo de frente.

—Valerio, escúchame bien. Hace cuatro años tú y yo seguimos caminos separados. Me fui porque ya no te amaba, y me escondí porque odiaba que me tuvieras encerrada a la fuerza en una casa que parecía un cementerio.

Tras soltar eso, Erika hizo el ademán de levantarse y añadió:

—Ya te dije lo que querías saber, ahora hazme el favor de abrir la puerta.

Sin embargo, apenas se había separado un poco cuando Valerio la jaló de nuevo hacia él.

—¿Que ya no me amabas? Entonces, ¿a quién amabas? ¿Dónde estuviste metida todos estos años?

Erika lo observó con indiferencia. A final de cuentas, le estaba insinuando que se había fugado con otro hombre.

¡Debió habérselo imaginado! ¡Seguía tirándole indirectas igual que siempre!

No obstante, por lo visto, él no había averiguado mucho. Y de verdad parecía no tener idea de en dónde había estado escondida todo este tiempo.

¿Acaso Ricardo jamás le mencionó nada sobre esa tal Aurora?

—Con el mismo hombre que aparecía en la foto de hace cuatro años.

—¿Ah, sí? ¿Y cómo dices que se llama? ¿Cuál es su apellido?

El tono de Valerio era todavía más relajado que antes, como si estuviera escuchando el chisme más insignificante del mundo.

Aquello dejó a Erika aún más confundida, y un nudo de nervios se le formó en el estómago.

Pero bueno, ya había llegado hasta ese punto, así que tenía que seguir inventando la historia.

Apartó la vista hacia la oscuridad del estacionamiento, se aclaró la garganta a propósito y dijo con tono de estar locamente enamorada:

—Eso no es asunto tuyo. Lo único que necesitas saber es que nos casamos. Y y durante todos estos años, he formado un hogar muy feliz a su lado...

—¿Nuestra familia? Además de ti, ¿quién más?

La voz magnética de Valerio volvió a sonar mientras le clavaba esa mirada penetrante directo en el vientre.

—¿Te refieres a... los niños?

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