Erika desvió la mirada y fue directo al grano:
—Señor Ramírez, sabe de qué asunto vengo a platicar con usted, ¿verdad?
Los ojos profundos de Valerio recorrieron a Erika y sus labios se entreabrieron:
—No lo sé, pero la escucho.
Erika se quedó sin palabras ante su cinismo.
Valerio lo hacía a propósito. Con esa actitud, ¿cómo iban a negociar?
Erika sentía el corazón latiéndole a mil por hora, pero después de pensarlo bien, decidió apegarse primero a los modales del mundo empresarial.
Desdobló los documentos, se levantó y los colocó en la mesa frente a Valerio:
—Le molesto, señor Ramírez, con que revise las partes subrayadas. Ese es el motivo por el cual le pedí esta reunión.
Valerio le dio un vistazo desinteresado al papel y luego fijó sus ojos en Erika:
—Me parece que este proyecto no está a tu cargo. ¿Qué pasa? ¿Acaso en su estudio Tiempo Efímero hacen las cosas con tan poca seriedad?
Erika se lo explicó con tono calmado:
—No me encargué durante la firma, pero le estoy dando seguimiento a todo el proceso posterior. En nuestro estudio tenemos los documentos de entrega, mañana se los mando por correo electrónico a su asistente.
Antes de llegar, había analizado todas las posibles trabas que él podría ponerle y, por supuesto, no se le había escapado este detalle.
Valerio seguía jugando con el encendedor en su mano. Tras un momento de silencio, su voz magnética volvió a resonar:
—Ya que preparaste tan bien los papeles, ¿dónde está la prueba?
Erika preguntó con tranquilidad:
—¿A qué prueba se refiere, señor Ramírez?
Los nudillos de Valerio golpearon la parte subrayada del documento y su tono se mantuvo calmado:
—Aquí. Leonardo.
Erika hizo una pausa. ¿Acaso le estaba pidiendo pruebas de que Leonardo era el padre de los niños?
Erika respondió sin alterarse:
—El señor Romero efectivamente es el tutor legal de los niños en el Club Caramelo. Aunque no es el padre biológico, es su tutor. Ese documento está hasta abajo.
—Vine a hablar de negocios.
—¿Acaso estos cuatro años sin mí has vivido un cuento de hadas? ¿O conseguiste el tesoro más grande del mundo?
—¡Valerio!
Después del constante ir y venir de palabras aparentemente calmadas entre los dos.
Al final, Erika no pudo soportarlo más y se puso de pie, con una voz cargada de enojo y frialdad.
Sin esperar a que Valerio reaccionara, agregó hablando muy rápido:
—Si no quieres revisar los documentos, entonces da la orden para que retiren la demanda. Si estás muy ocupado, nosotros también, así que no perdamos más el tiempo aquí.
Justo cuando Erika terminó de hablar, Valerio también se levantó de la silla.
Lo vio caminar lentamente hacia ella, manteniendo un semblante imperturbable.
Al notar esto, Erika sintió un poco de inquietud.
«¿Qué se supone que intenta hacer?», pensó.

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