Unos días después, muy temprano, Erika se encontraba en una entrevista en el departamento de recursos humanos de Estudio Blanco.
Uno de los entrevistadores que estaba sentado en medio hojeaba el portafolio de la joven con genuina admiración. Intercambió un par de murmullos con su compañero antes de dirigirse a ella:
—Tus trabajos tienen mucha inspiración. La composición, el juego de luces y sombras... todo se ve muy profesional. Sin embargo, todas estas fotos son de naturaleza muerta. ¿Tienes retratos o fotografías de personas? Me gustaría checar ese tipo de material.
Erika guardó silencio un momento y respondió:
—No, mi especialidad es la naturaleza muerta.
Ella no es que no tuviera fotografías de retratos, al contrario, era su punto más fuerte.
Simplemente, por su condición actual, no quería conseguir un trabajo enfocándose en eso.
—Bueno, no hace falta revisar más el currículum. Juzgando únicamente por el portafolio, está excelente...
El hombre dejó la frase a medias porque le sonó el celular. Contestó, dijo un par de cosas en señal de afirmación y colgó.
Luego, miró a sus compañeros y empezaron a murmurar de nuevo.
Erika observaba todo sin decir palabra. Tras un largo rato, el reclutador le dijo con evidente incomodidad:
—Una disculpa, señorita Milán. Creo que me equivoqué con lo que le dije hace un momento. Es probable que sus trabajos no encajen con lo que buscamos; nuestro estudio se enfoca en fotografías de modelos y este estilo puramente de naturaleza muerta ya no está de moda.
Erika se quedó paralizada unos segundos antes de asentir lentamente.
—Disculpen por haberles hecho perder el tiempo.
Después de salir de la oficina, Erika no paraba de darle vueltas al asunto, sintiendo de lleno que su rechazo estaba ligado a esa llamada.
Todas las entrevistas anteriores habían ido de maravilla; ninguno había cuestionado su trabajo, al contrario, todos la felicitaban.
Pero tras esa llamada telefónica, todo se vino abajo.
Mientras caminaba sumida en sus dudas por el pasillo, un escándalo más adelante le llamó la atención.
Una joven, que revisaba con furia unos documentos mientras caminaba a paso apresurado, se quejaba en voz alta:
—¡A mí que no me venga con sus mamadas! Si alguien quiere este jale, que se lo quede. ¡Yo ya no la soporto!
La chica que iba detrás intentaba calmarla:
—Catalina, no te enojes. Esa persona tiene a Grupo Ramírez respaldándola, aguántate un poquito. Ya solo nos falta la última sesión de fotos y terminamos, ¿no?
¿Grupo Ramírez? Erika repitió el nombre en su cabeza. En Solara solo había un grupo empresarial con ese nombre, el de Valerio; era imposible que se tratara de otro.
Erika se detuvo instintivamente. La joven soltó una carcajada irónica, sin levantar la cabeza, y exclamó:
—¿Y qué si es de Grupo Ramírez? ¿Acaso se creen superiores? ¡Conmigo no va eso! Y sobre terminar rápido, ¡llevamos una pinche semana con unas cuantas fotos! Está destrozando todo mi ritmo de trabajo. Además, ¿ya la viste? Se da más aires de diva que una estrella de cine. Que si esta pose cansa mucho, que si la otra no le resalta esas tetas llenas de silicón...
Cuando la distancia entre ellas se acortó, Erika por fin reconoció a la persona a la que llamaban Catalina.
Era alguien a quien siempre había admirado, su excompañera Catalina Morales, una estrella en ascenso en el mundo de la fotografía.
Su trabajo siempre tenía una perspectiva única y excepcional.
Catalina frunció el ceño:
—Si Estudio Blanco te rechazó, ellos se lo pierden. Al rato pregunto en recursos humanos para ver qué pasó exactamente.
—Gracias, Catalina. Por cierto, ¿por qué estabas tan enojada hace rato?
Al oír esto, Catalina se encendió de nuevo:
—¡Ni me lo recuerdes! Esa modelo, Lorena, es una pesadilla. Trajo a tres asistentes nada más para grabar un comercial en el estudio y todavía se pone a darle órdenes a mi equipo. Hace las cosas súper lento, retrasa todo y nos hace perder el tiempo a todos nosotros. Cuando los de arriba empiecen a presionar, obvio no se van a ir contra el cliente, todo el problema me va a caer a mí. ¡Nada más me da dolores de cabeza!
Al escucharla, Erika se imaginó a la perfección la actitud arrogante de Lorena.
Al parecer, no solo era así con ella, sino que en su día a día era igual de insoportable.
Probablemente solo se hacía la santurrona e indefensa frente a Valerio.
Por la plática que escuchó en el pasillo, Erika dedujo que Lorena aprovechaba el nombre de Valerio creyéndose intocable.
—Erika, no sabes. Resulta que esta Lorena acaba de volver del extranjero y se está abriendo paso en la publicidad gracias al respaldo de Grupo Ramírez. La verdad no entiendo si ese tal Valerio está ciego. Tampoco es la gran cosa, y de su cuerpo... ¡Por favor! Quién sabe cuántas cirugías trae en la cara. Híjole, tengo la peor suerte del mundo con este proyecto tan nefasto.
Erika frunció el ceño mientras escuchaba a Catalina quejarse. Entendía la frustración, pero le parecía una situación muy cansada.
Estaba a punto de consolarla cuando de repente Catalina le soltó:
—Oye, Erika, tú eres súper lista. ¿Se te ocurre alguna buena idea para ponerla en su lugar?

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