Erika jaló a Martina para que se sentara, esperando ansiosa a que le explicara el asunto.
Martina le echó una mirada de reojo a Adrián:
—¿No crees que deberías darnos privacidad?
Adrián se encogió de hombros:
—Antes no me dejabas meterme en los asuntos de Erika, pero ahora no me puedo quedar de brazos cruzados.
Al ver que no iba a ceder, Martina lo miró con resignación y empezó a contar:
—Hoy fui a ver a Darío; su mamá sigue bastante mal. Me comentó que alguien lo andaba investigando. Por lo que me describió, estoy segura de que era Diego, el asistente de Valerio. ¡Y empezó a investigarlo desde antes de que se divorciaran! ¿Qué chingados pretende Valerio?
La mirada de Erika vagaba en el vacío. Las palabras de Martina la habían dejado completamente en shock.
¿Valerio la estaba investigando desde antes? ¿Por qué?
¿Acaso era porque vendió unas cosas para darle ese dinero a Darío?
—Eri, se está protegiendo, ¿no creerás que teme que le estés sacando lana a escondidas? —preguntó Martina sin pelos en la lengua.
Erika negó con la cabeza, hecha un lío. Valerio no llegaría al extremo de vigilarla tan de cerca solo por un par de cosas de poco valor.
Entonces, ¿cuál era la razón?
En ese momento, Adrián intervino:
—Sin importar sus motivos, que un hombre mande a investigar a su propia esposa a escondidas demuestra que no hay ni una pizca de confianza. Marti tiene razón, él no te ama en absoluto; solo le importa su abuelo y se casó contigo por seguir sus órdenes.
Dicho esto, Adrián se levantó y se acercó a Erika:
—Eri, Marti y yo queremos que lo pienses con calma. Y pensar con calma significa dejar todo lo demás a un lado y preguntarte qué es lo que de verdad quieres. Tomes la decisión que tomes, te vamos a apoyar.
Martina asintió, muy convencida.
Erika los miró; las lágrimas de tristeza en sus ojos se transformaron poco a poco en emoción pura. Abrió los labios y dijo con lentitud:
—Cuando Adrián me sacó de la clínica, la verdad es que ya lo había pensado... he decidido tenerlos.
—¿Tenerlos? Erika, ¿cómo que en plural? —preguntó Martina con los ojos muy abiertos.
Erika les explicó lo de los resultados de la clínica. Al escucharla, Martina dio un brinco.
—¡¿Qué pinche clínica es esa?! ¡¿Cómo pueden cometer un error tan pendejo?! ¡Mañana mismo voy a armarles un pancho para que nos den una explicación!
Erika suspiró:
—Marti, déjalo, no es para tanto y tampoco me hicieron daño. Lo que tengo que checar ahorita es lo del trabajo.
—¿Cómo vas a trabajar en tu estado? Deja que Marti y yo nos encarguemos de ti durante el embarazo —dijo Adrián.
Martina lo secundó:
—Sí, qué necesidad tienes de jalar. No vayas a cansar de más a mis ahijados.
Diciendo esto, se agachó a medias y le dio unas palmaditas suaves en el vientre a Erika:
—¿Ya escucharon? Su mamá no los va a abandonar, así que pórtense bien y no le den mucha lata, ¿eh?
Erika rio con amargura por la broma de Martina, limpiándose las lágrimas.
—Sé que cuento con ustedes, pero hay muchas embarazadas que trabajan hasta el día del parto, ¿no? Si ellas pueden, yo también. Si de verdad quieren echarme la mano, mañana arreglo mi portafolio y ustedes me ayudan a checar qué estudios fotográficos andan contratando, ¿les parece?
Martina agitó la mano de inmediato:

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