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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 430

Erika tomó la carpeta y le echó un vistazo. Además del contrato del Club Caramelo, había varios proyectos de suma importancia.

—Este... Leo, no puedo aceptar esto. Todos estos son clientes de Tiempo Efímero.

Erika cerró la carpeta, la dejó sobre la mesa y se negó rotundamente.

Leonardo tomó un sorbo de su café y le respondió con absoluta calma.

—Si no los quieres aceptar, entonces regresa a trabajar a Tiempo Efímero.

—Leo... —protestó Erika, sintiéndose acorralada.

Leonardo no la dejó terminar.

—Ambos somos iguales para los negocios. O es blanco o es negro. Nada de medias tintas.

Erika guardó silencio unos instantes antes de hacer una pregunta con cautela.

—Y sobre esta decisión que estás tomando... ¿Chlóe está de acuerdo?

Leonardo entrecerró los ojos y la observó fijamente durante un largo y tenso minuto, antes de preguntar con voz sombría.

—Eri, me estás ocultando algo, ¿verdad?

La repentina perspicacia de Leonardo la tomó por sorpresa.

Por suerte, logró mantener la compostura y esbozó una sonrisa relajada.

—Para nada. Es solo que, considerando la relación que tienes con Chlóe, tarde o temprano terminarán casándose. Es lógico pensar que le consultas este tipo de decisiones tan importantes...

—Las decisiones sobre mi estudio las tomo yo —la interrumpió Leonardo de tajo, y añadió—. Tu querida Chlóe es una mujer muy de mente abierta. Nunca se mete en mi trabajo y yo no me meto en el de ella. En fin, si te niegas a aceptar los contratos, el lunes te espero en la oficina para que sigas trabajando. La elección es tuya.

—Leo... —Erika intentó buscar un punto medio, pero él fue implacable.

—No hay nada más que discutir.

Erika se quedó callada, sin saber qué más decir.

Una vez dicho esto, Leonardo se puso de pie.

—Ya es tarde, debes descansar. Cuando decidas dónde vas a poner tu nuevo estudio, avísame y te ayudaré a instalarte.

—¡Se los dije! ¡Les dije que me había encontrado con mi hermana y ustedes no me creyeron! ¿Ya lo vieron? No solo está viva, sino que regresó con mi cuñado...

Penélope no era de las que usaban redes sociales, pero al caer la noche, vio las noticias cuando Samuel le mostró su teléfono.

Sosteniendo el aparato de su hijo, las manos le temblaban descontroladamente.

Ya no se atrevía a soñar con el plan de obligar a Erika a volver a la familia Ramírez para que todos pudieran vivir rodeados de lujos.

Y la razón era sencilla: Marcos Jiménez la acechaba constantemente.

Había intentado esconderse en el campo durante años, pero él nunca dejó de buscar.

Si Marcos llegaba a descubrir que Erika estaba viva, ¡el secreto de que había intercambiado a las niñas al nacer saldría a la luz y sería su ruina!

Ese hombre ya le había advertido que, según sus investigaciones, ella tenía una hija mayor. Eso significaba que Marcos seguramente ya había visto alguna foto de Erika...

Al pensar en las consecuencias, las piernas de Penélope le fallaron y cayó sentada al suelo, con la mirada perdida y pálida como un fantasma.

—¡Mamá! ¡Ve a buscar a mi hermana! ¡Si no vas a buscarla tú, te juro que iré yo mañana a primera hora!

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