Erika murmuró para sí misma, con profunda intriga:
—El motivo de Penélope para cambiar a los bebés... ¿Y por qué en todos estos años nunca intentó buscarla ni reconocerla?
Adrián hizo una pausa y luego añadió:
—Por lo que encontré, parece que la familia Milán prefería a los niños varones. Si decidían criar a una niña, no tendrían suficiente dinero para un segundo hijo. En ese entonces, los dos abuelos de la familia estaban gravemente enfermos. Penélope apenas era una enfermera y Joaquín trabajaba en lo que podía.
Al escuchar esto, a Erika se le llenaron los ojos de lágrimas. Guardó silencio un buen rato antes de murmurar con melancolía:
—O sea que... trajeron a la hija de otra persona para que sufriera en su casa... ¿para que su propia hija pudiera vivir rodeada de lujos? Así fue como cambiaron mi destino...
Al ver su reacción, Adrián se apresuró a pasarle un pañuelo. Por un instante, no supo cómo consolarla.
A cualquiera le dolería enterarse de algo así...
Erika tardó un poco en calmarse antes de volver a hablar:
—Adrián, hay algo que no les he contado a Martina ni a ti...
Adrián le respondió con tono suave:
—Dime. Tenemos tiempo.
Erika empezó a explicar lentamente:
—La prueba de paternidad que hicimos antes... salió que Valerio no era el padre de los niños, ¿te acuerdas? Me fui antes de que salieran los resultados de la segunda prueba. Si la segunda hubiera confirmado la paternidad, estaba segura de que Valerio intentaría quitarme a los niños en cuanto me viera. Pero... la segunda también dio negativo.

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