En medio de su angustia, su mirada se desvió inevitablemente hacia donde estaban.
Valerio tenía de nuevo a los niños en brazos; no se alcanzaba a escuchar qué les decía, pero los dos pequeños prestaban muchísima atención.
Si se olvidaba por un momento de todo lo que había pasado, esa conmovedora escena era exactamente la que Erika había soñado cuando descubrió que estaba embarazada.
Había soñado... que cuando nacieran sus hijos, él sería un buen padre, ella una madre amorosa y todos vivirían felices como una verdadera familia...
Por un momento, a Erika la invadió un profundo sentimiento de culpa hacia sus pequeños.
Deberían tener tanto el amor de una madre como el de un padre, al igual que cualquier otro niño...
Por lo general, cuando Adrián o Leonardo los iban a visitar, los niños también se ponían muy felices.
Lo que más le rompía el corazón a Erika era que sus hijos eran demasiado comprensivos y nunca le habían pedido ni reprochado no tener a un padre...
—Eri, ¿qué hacía él en el set de grabación?
Erika, a punto de llorar, fue interrumpida de pronto por la voz de Adrián.
Erika negó con la cabeza.
—No tengo idea. Todavía no he tenido la oportunidad de preguntarle a Amelia.
Amelia, al ver lo bien que Valerio se llevaba con los niños y dándose cuenta de que no tenía cabida en esa charla, corrió rápidamente hacia Erika.
—Erika, de verdad lo siento... Cuando te llamé no supe explicarme bien. Todo pasó demasiado rápido. Yo...
Amelia intentaba explicarse, llena de remordimiento; les había pedido a las niñeras que vigilaran el set mientras ella iba a buscarle comida a los pequeños.
De camino de regreso al estudio, vio a Valerio corriendo a toda prisa hacia el estacionamiento con Alma en brazos.
Al ver que Thiago y Enzo lloraban desesperados, le pidió a Diego que organizara otro auto.
En el auto quiso llamar para contarle todo a Erika, pero el chofer era empleado de Valerio y los niños ya entendían casi todo lo que decían los adultos.
Así que no llamó hasta que llegó al hospital y se metió en las escaleras. Pero en cuanto dio la dirección, Erika le colgó.
—Mami...
—Mi amor, ven, que mami te abraza. —Erika tomó a Alma, le dio muchos besos en la carita, la sostuvo en sus brazos y luego miró al médico.
El médico lanzó una mirada un tanto incómoda hacia Valerio, quien al momento en que la puerta se abrió había bajado a los niños para dirigirse hacia allí.
—Lleva a los niños a jugar por allá —dijo Valerio con voz fría y distante, mirando a Amelia.
Amelia, asumiendo que el médico necesitaba hablar sobre el estado de salud, no pensó demasiado al respecto; tomó suavemente a Alma de los brazos de Erika y se dirigió al final del pasillo con los otros dos pequeños.
Valerio dirigió la mirada hacia Diego, quien de inmediato captó el mensaje y fue tras Amelia.
El doctor, por fin, se dispuso a hablar. Pero antes, inclinó la cabeza hacia Valerio y le habló con tono respetuoso:
—Señor Ramírez, pase, por favor.
Y solo entonces, se dirigió a Erika:

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