Estaban Thiago y Enzo; uno sentado en la pierna izquierda de Valerio y el otro en la derecha.
Los dos pequeños estaban envueltos en los brazos firmes de Valerio.
El contraste entre su figura imponente y la pequeñez de los niños transmitía una inexplicable sensación de seguridad.
Erika recorrió el lugar con la mirada, buscando a Alma. Al acercarse lentamente, se dio cuenta de algo espeluznante...
La camisa gris claro de Valerio estaba manchada de sangre por todas partes.
Los pasos de Erika se detuvieron en seco, lo que llamó la atención de Amelia, que estaba de pie junto a la pared.
—¡Erika!
Con ese grito de Amelia, todos voltearon a mirarla.
Thiago y Enzo se bajaron enseguida de las piernas de Valerio y corrieron hacia Erika:
—¡Mami! ¡Mami!
—¡Señor Adrián! ¡Señor Adrián!
Los pequeños gritaban mientras corrían con los brazos abiertos.
A Erika ya no le importó si Valerio descubría que era la mamá de Club Caramelo. Se agachó en un instante y abrazó a sus niños con fuerza.
—Thiago, Enzo, mis niños... ¿Cómo está su hermana?
Erika preguntó con los ojos llorosos, intentando ocultar su pánico para no asustarlos.
Thiago le rodeó el cuello con los bracitos y le dijo muy serio:
—A mi hermanita le salió mucha sangre, pero creo que no le dolía...
Enzo no dejó que Thiago terminara y añadió apresuradamente:
—Sí, mami, no te preocupes mucho. Fue mientras estábamos grabando que de pronto le empezó a salir sangre de la nariz.
Mientras hablaba, Enzo se dio la vuelta, apuntó con su dedito hacia Valerio y continuó:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón