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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 439

—Que entre también el familiar; los demás, por favor, esperen afuera.

Erika enmudeció.

Por lo que ella sabía, ese hospital no era privado.

¿Por qué ese doctor trataba a Valerio con tanta reverencia y sumisión?

Además, ¿qué asunto tenía Valerio para meterse?

Aunque era verdad que debía agradecerle por haber traído a los niños al hospital, eso no justificaba que participara en la consulta médica, ¿o sí?

Erika observó cómo Valerio entraba al consultorio y los doctores y enfermeras lo seguían. Justo cuando iba a protestar, Adrián la tomó del brazo por detrás y le susurró:

—Eri... No hagas caso de esto por ahora, solo entra. La manera en que el doctor lo trata también nos conviene, seguro que no se va a equivocar en el diagnóstico de Alma. Ve, yo te espero en la puerta.

Erika dudó por un momento, pero terminó asintiendo y entró en el consultorio.

Nada más cruzó la puerta, una enfermera la cerró detrás de ella.

Valerio la tomó del brazo y la obligó a sentarse, soltándola de inmediato.

A Erika ni siquiera le dio tiempo de procesar su aturdimiento; toda esa escena le parecía incomprensible.

¿Cómo podía tener la cara tan dura? ¿Por qué siempre actuaba como si tuviera el control absoluto de todo?

Erika le lanzó una mirada de reojo y luego se volvió hacia el médico:

—Doctor, ¿por qué a mi hija le sangra la nariz?

—¿Le había sangrado antes? ¿O había sangrado tanto como hoy? ¿Le dolía?

Erika contestó con todo detalle:

—Desde el año pasado ha tenido tres episodios, ninguno con dolor, pero en uno también le sangraron las encías.

Lentamente desvió la mirada hacia él. Al estar tan cerca, pudo notar que las manchas de sangre en su ropa se habían secado, tornando a un tono oscuro.

Él siempre había sido exageradamente limpio y perfeccionista. ¿Por qué no corría a cambiarse la ropa? ¿Qué hacía esperando allí?

Erika apartó la vista, movió los labios y dijo en voz baja:

—Gracias por traer a Alma. Si no hay nada más, deberías irte.

Habló con un tono neutral, sin la menor alteración en su voz, sin una pizca de emoción.

Valerio, sin apartar los ojos de ella, al ver su semblante inquieto, también sintió un nudo en el pecho.

Deseaba estar con ella, acompañarla hasta que los resultados confirmaran que la niña estaba bien.

—No tengo nada más que hacer. Conozco a los médicos de aquí, esperaré a que la examinen antes de irme —contestó Valerio, diciendo justo lo que estaba pensando.

Erika no estaba de humor para hacerle caso, y simplemente cambió de posición para darle la espalda.

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