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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 457

—¿A quién vas a demandar? ¿Quién se metió contigo? El Grupo Ramírez tiene el mejor equipo legal...

—No lo necesito, y no tengo por qué responder a tus preguntas. Señor Ramírez, es hora de que te vayas —replicó Erika con frialdad.

Parecía que con su vistazo rápido no había logrado ver los detalles importantes, solo los documentos de la demanda que ocupaban más espacio en la pantalla.

Valerio, sin cambiar de postura, continuó:

—Si no me lo dices... averiguarlo no me costará nada.

Erika lo interrumpió tajante:

—Valerio, no quiero levantar la voz y asustar a los niños, pero te pido que respetes mis límites. Además, detesto ese tono tuyo, tan relajado pero lleno de amenazas.

Valerio guardó silencio unos segundos y se levantó lentamente de la silla.

Erika estaba parada en el extremo más estrecho del escritorio, y al ponerse de pie, él quedó justo en el lado más largo, acortando la distancia entre ambos a escasos centímetros.

Él bajó la mirada hacia el rostro lleno de conflicto de Erika, y una punzada de dolor le atravesó el pecho.

Solo Dios sabía cuánto deseaba jalarla hacia él y envolverla en un abrazo apretado...

Había movido cielo y tierra para lograr entrar a esa casa, solo para ver con sus propios ojos cómo era su vida.

Aunque la casa no era tan lujosa como su mansión, todo estaba impecablemente ordenado, y sus hijos eran niños excepcionalmente educados.

Además, gracias a sus investigaciones, sabía que en estos años se había labrado un nombre en la industria bajo el seudónimo de Luz...

Antes, solo sabía que era hermosa, que su sonrisa era dulce, que era buena ama de casa y que le apasionaba la fotografía...

Pero jamás imaginó que fuera tan capaz de manejarlo todo a la perfección, que tuviera tanto talento, habilidad y una inteligencia brillante.

Los ojos profundos de Valerio recorrieron el rostro de Erika. El enrojecimiento en su mirada destilaba un profundo resentimiento, y sus labios temblaban ligeramente mientras hablaba.

Aunque su voz fue apenas un susurro, cada palabra fue una estocada letal. No buscaba lastimarlo a él, sino lastimarse a sí misma...

Estaba usando los mismos insultos que él le había lanzado en el pasado para humillarse.

Al escucharla, la paciencia de Valerio pareció llegar a su límite. Frunció el ceño y, al segundo siguiente, la tomó del brazo y la jaló hacia su pecho.

Con una mano le rodeó la frágil espalda y con la otra le sostuvo la nuca.

Se inclinó y apoyó el rostro contra su cuello, justo detrás de la oreja.

Erika se resistió ahogando un grito, pero mientras más luchaba, más fuerte la abrazaba él, como si quisiera fundirla con su propio cuerpo.

Llevada al límite, Erika giró la cabeza y le mordió el hombro con todas sus fuerzas...

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