Martina no dio su brazo a torcer y le contestó manteniendo el tono bajo:
—Lo que pasa es que tiene miedo. Sin mí metiendo las narices, cree que podrá engatusar a Eri fácilmente, ¿verdad? Ha subestimado nuestra amistad. Le aviso que los problemas de ella son mis problemas, y me voy a meter todo lo que quiera. A menos que un día Eri me diga en mi cara que quiere estar con usted, entonces la respetaré, ¡pero eso no significa que me vaya a aliar con usted ahora!
Al terminar de hablar, la pantalla del teléfono de Martina seguía iluminándose sin parar. Sin más remedio, contestó la llamada.
Unos segundos después, Martina se levantó de la silla de un salto, con el rostro invadido por el pánico.
—¿Qué? ¿Cómo es que hay una brecha de seguridad tan grande en los datos...? —preguntó alterada.
Lo que dijo a continuación casi salió ahogado por un nudo en la garganta. Aferrada al celular, comenzó a caminar nerviosamente por la habitación mientras miraba a Erika en la cama.
Al colgar, se quedó de pie a los pies de la cama, con la angustia y la preocupación reflejadas en sus ojos.
Valerio había escuchado perfectamente de qué trataba la llamada. Mientras le cambiaba la toalla húmeda en la frente a Erika, dijo con frialdad:
—Vete. Eri no te culpará. En la noche le diré a Amelia Chávez que vaya a Villa Costa Azul para acompañar a los niños.
Martina dudó un largo rato antes de murmurar:
—Puedo contratarle a una enfermera.
—¡Martina! —la reprendió Valerio con voz dura e implacable—. Te he tolerado todo el día. Si fueras cualquier otra persona, ¿crees que seguirías parada ahí?
Martina se quedó sin palabras.
El regaño la tomó por sorpresa. Cuando se recuperó del susto, agarró su bolso bruscamente y salió de la habitación.
*Si no fuera porque tengo una emergencia en el trabajo, ni loca me muevo de aquí.*
Al salir al pasillo, miró a Diego Álvarez y le dijo en tono seco:
—Cuando Eri despierte, asegúrate de avisarme.
Diego asintió con una leve inclinación de cabeza.
Diego esbozó una leve sonrisa.
—Es usted muy considerado, señor Ramírez. Por cómo se veía, el problema debe ser bastante serio. ¿La ayudamos directamente o...?
Valerio giró la cabeza para mirar a Diego, con una mirada profunda que denotaba que ya tenía un plan en mente.
Diego lo entendió al instante y asintió apresuradamente, para luego preguntar:
—Señor Ramírez, ¿tiene alguna otra orden? Supongo que la señorita Milán dormirá hasta que anochezca. ¿Le consigo a una enfermera de planta?
Valerio hizo un gesto con la mano.
—Manda traer comida especial y ropa limpia para ella. Y también ropa para mí.
Al escuchar eso, Diego frunció el ceño con preocupación.
—¿Señor Ramírez? ¿Piensa pasar la noche aquí? Aunque esta habitación VIP es bastante cómoda, me temo que no logrará descansar...

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