—Haz lo que te digo —lo interrumpió Valerio con tono tranquilo antes de que pudiera terminar la frase.
Diego titubeó un par de segundos.
—...Sí, señor, lo preparo de inmediato. Entonces, ¿esta noche yo...?
—Hay un hotel frente al hospital. Quédate ahí, como viaje de negocios. Ve —ordenó Valerio con suavidad.
Al notar que Valerio no apartaba la mirada del rostro de Erika, Diego prefirió no discutir. Asintió y salió rápidamente de la habitación.
...
El cielo comenzó a oscurecerse. La ligera brisa que se filtraba por la ventana ya traía un aire fresco de otoño.
En la cama del hospital, Erika abrió lentamente los ojos.
Parpadeó un par de veces. No había luces deslumbrantes encendidas, solo una pequeña lámpara de pie en la esquina, a los pies de la cama, que arrojaba una luz tenue.
Las paredes de tonos azul claro y blanco, sumado a las sábanas blancas, delataban que estaba en un hospital.
Erika movió los ojos lentamente y se dio cuenta de que había un hombre recostado sobre el borde de la cama, junto a su brazo.
Con solo verle el cabello y la figura, supo de inmediato que se trataba de Valerio Ramírez.
Erika rememoró en silencio el momento en que lo vio en aquella pequeña tienda.
Esos ojos enrojecidos escondían una angustia y desesperación genuinas...
Recordó cómo, al subir al auto, tomó un poco de agua y el agotamiento la arrastró al sueño.
—Marti... —murmuró, recordando que su amiga también había estado ahí.
¿Cómo era posible que solo Valerio estuviera en la habitación con ella?
Erika se tocó la frente; la fiebre ya había bajado. Miró de reojo a Valerio, que seguía dormido, e intentó levantarse apartando las cobijas con cuidado.
—¿A dónde vas?
Y ahora... en la mesita de noche había un recipiente con agua y una toalla, los remedios caseros básicos para bajar la fiebre. ¿De verdad él había hecho todo eso?
Además, lo vio dormir recostado en el borde de la cama. Ella sabía muy bien lo exigente que era Valerio para dormir. Debía estar agotado...
Pero sus pensamientos tomaron otro rumbo. No entendía cómo él había llegado hasta allá. Primero había llamado a Greta, simplemente diciéndole que le había salido un viaje de negocios urgente, y luego, tras confirmar que los niños estaban bien, había llamado a Martina.
Greta no tenía cómo contactar a Valerio, y Martina jamás se lo hubiera dicho. Entonces, ¿cómo fue él quien apareció para ir por ella?
Al salir del baño, Valerio la estaba esperando junto a la puerta. Al verla, le dijo en tono amable:
—Ve a recostarte en la cama. Ya llamé al doctor para que te haga una revisión. Mandé a Diego por comida, no tardará en llegar.
Erika no le contestó ni dejó que la ayudara.
Sintiéndose aún un poco débil, regresó a su cama a paso lento.
Valerio ya le había pedido a la enfermera que levantara la cabecera, así que Erika se recostó, manteniendo un semblante totalmente neutral.

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