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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 48

Al escuchar los golpes desde afuera, Valerio se agachó para sostenerle la mirada, fijándose en sus ojos inyectados en sangre por unos segundos; acto seguido, abrió la puerta para subir. En cuanto la puerta se abrió, Erika arremetió contra él a patadas y manotazos.

Valerio se quedó pasmado, mirándola incrédulo. ¿Desde cuándo una mujer tan recatada y paciente se portaba como una fiera?

Frunció el ceño. Al segundo siguiente, le inmovilizó las piernas a Erika, la levantó en vilo y, en un solo movimiento, se metió al coche con ella.

Erika bufó al ver que no solo no había podido pegarle, sino que encima había terminado sentada en sus piernas. Trató de levantar el brazo para soltarle un golpe, pero Valerio se lo sujetó a tiempo.

Mientras se aflojaba la corbata, él entrecerró los ojos y miró por la ventana.

—¿Ese es tu gusto en hombres? ¿Te gustan los debiluchos que no saben ni meter las manos?

—¡¡¡Suéltame ya!!! —exigió Erika exasperada—.

»Valerio, sabes perfectamente que Diego tiene el nivel de un guardaespaldas profesional y aun así lo mandaste a golpear. ¡Te pasaste de la raya!

Al escucharla, esbozó una sonrisa cínica.

—Pues estabas ahí, ¿no? ¿Acaso no fue él quien soltó el primer golpe?

La sangre le hervía del coraje, y le gritó en la cara:

—¡¿No puedes dejar de portarte como un escuincle?! Si él es un debilucho, tú no eres más que un pusilánime...

Valerio hizo una mueca de silencio letal.

Erika tragó saliva nerviosa. Se dio cuenta de la tontería que acababa de decir.

De repente, la mano grande de Valerio la agarró por la nuca.

—Pusilánime es alguien que no da el ancho en nada.

—¿En nada de qué?

La pregunta la tomó por sorpresa. Erika sentía la respiración de él rozándole el cuello, así que de volada metió el brazo entre los dos para que no se pegara más. Desde antes de divorciarse hasta la fecha, juraba que a Valerio le faltaba un tornillo. Si el abuelo estaba mal, con que mandara a alguien a avisarle bastaba, ¡qué necesidad tenía de andar molestándola así?

—Te hice una pregunta —insistió Valerio. Le levantó la barbilla con el dedo índice para obligarla a mirarlo.

Entre el traqueteo del coche y el altercado que acababa de pasar, a Erika se le vino una náusea repentina. Sin poder contenerlo, vomitó todo lo que había comido.

El momento fue sumamente asqueroso. Dejó la ropa de Valerio, desde la clavícula hasta las piernas, echa un asco... A ver, pelear era una cosa y molestarse otra, pero esto... ¿tendría que disculparse?

—Per... perdón, no pude aguantarme.

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