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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 49

Aun mientras se disculpaba, a Erika todavía le daban unas ligeras arcadas. Alzó la vista y vio que la cara de Valerio estaba roja del coraje; en sus ojos profundos solo había repulsión pura, asqueado al límite.

—¡Diego, oríllate! —rugió, y con un volantazo, Diego frenó de golpe.

Valerio se bajó de inmediato. Le importó un comino estar en plena calle; se quitó la camisa y la aventó al bote de basura que estaba ahí cerca. Diego corrió a la cajuela por un cambio de ropa y un paquete de toallitas húmedas.

Unos minutos después, Valerio se volvió a meter al coche.

—¿No te vas a enjuagar? ¿Ni a limpiarte la boca? No puedo creer lo sucia que eres.

Valerio le echó una mirada de asco por unos segundos y luego se quedó quieto, guardando su distancia de ella. Seguro Diego escuchó el regaño, porque en corto le pasó a Erika toallitas y una botella de agua desde adelante.

Erika las agarró, se limpió lo mejor que pudo y no dijo ni pío el resto del trayecto.

Pronto llegaron al hospital.

A esas alturas, a Erika ya se le habían quitado las ganas de discutir; solo pensaba en la salud del abuelo y en su cabeza se imaginaba lo peor. La incertidumbre la carcomía viva.

Por su parte, la expresión de Valerio volvió a ser completamente indiferente; desde que se bajó del carro no soltó media palabra.

Al llegar al piso de la habitación de Ireneo, Erika escuchó a lo lejos una carcajada.

—¡Eri! ¿Eri? ¡Hasta que por fin llegas, pásale, ven!

Erika se frenó en seco. Le lanzó una mirada fulminante a Valerio; se tragó el coraje y, poniendo su mejor sonrisa, entró a la habitación.

—Abuelo... —lo saludó con dulzura, apresurando el paso para tomarle la mano.

Ireneo bajó el celular y le apretó la mano:

—Ay, chamaca, ya te extrañaba. El chiflado de Valerio me salió con que te fuiste al extranjero. ¡Qué bárbaro! ¿Cómo te me vas tan lejos? Aquí también hay muy buenos fotógrafos. Si te gusta el trabajo de alguno, me echas un grito y yo le llamo para que te enseñe, así de fácil. Pero yéndote así sola... ¿qué iba a hacer Valerio? ¿Qué iba a hacer yo? Un viejo como yo no pide otra cosa que vengas a platicar seguido.

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