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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 497

—Gracias.

Esa sincera gratitud proveniente de Erika hizo que Ricardo detuviera sus pasos de inmediato.

Volvió a mirarla, le dedicó una leve sonrisa y, luego, se alejó rápidamente.

En ese momento, Adrián llegó hasta ella y, al ver a Ricardo marcharse, preguntó:

—¿Tienen una relación tan cercana? Vi desde lejos que le entregabas un expediente, ¿era el de Martina?

Erika, mientras subía al auto, le respondió:

—Así es, me comentó que tiene algunos contactos. Al no encontrar otra salida de momento, pensé que no haría daño recurrir a él para aumentar las probabilidades de ayudar a Martina.

....................

Al día siguiente.

Erika dejó a los niños en el preescolar y se dirigió nuevamente a la comisaría.

Pero la situación no difirió mucho a la del día anterior; Martina seguía incomunicada, no obtuvo ninguna actualización sobre el estado de la investigación, ni logró descubrir cuándo sería liberada.

También llamó a los colegas de Martina con los que había conversado antes, pero estos no le proporcionaron ninguna información útil.

Aquella mañana había tratado de comunicarse tanto con Ricardo como con Adrián, pero en ambas partes aún no tenían una pista clara sobre el caso.

Erika estaba con los trámites de su nuevo estudio en mente, los cuales requerían presentar ciertos documentos, pero no tenía cabeza para eso en absoluto.

Amelia, quien se encontraba con Erika, compartía el desánimo al presenciar el abatimiento de su amiga.

Agarrándola del brazo, la guio hacia unos asientos en la sala de espera, sacó un jugo de su bolsa, se lo tendió y le brindó unas palabras de apoyo:

—Erika, siéntate aquí un rato, no te angusties tanto.

—Estoy bien, de verdad. —murmuró Erika al recibir el jugo y tomar asiento; a pesar de sus palabras, al hablar se le cristalizaron los ojos de lágrimas.

Antes, ante cualquier obstáculo, Martina era su salvadora indiscutible; pero ahora que ella atravesaba por esta situación, se sentía inútil.

Erika dirigió lentamente su mirada hacia Amelia, lo meditó unos segundos y respondió:

—Me parece bien, Amelia...

Dicho esto, sacó una tarjeta bancaria de su bolsa y se la ofreció.

—Esto es una compensación de parte del señor Romero por dejar tu trabajo.

Amelia observó la tarjeta, y con un ceño de desaprobación, se excusó:

—Erika, yo dejé mi trabajo por decisión propia, ¿por qué habría de recibir una compensación? No puedo aceptarlo. Por favor, no malinterpretes mi sugerencia de ir a la oficina de impuestos; solo lo propuse para mantener tu mente ocupada en algo.

Amelia experimentó un ligero remordimiento por su propuesta, pues en ese momento se encontraba sin empleo fijo ni un ingreso mensual.

Además, había reiterado que iría adondequiera que Erika la necesitara.

La sugerencia podría fácilmente prestarse a la interpretación de que ansiaba empezar a trabajar con el único fin de generar ingresos.

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