Al notar el rostro apesadumbrado de Amelia, Erika comprendió de inmediato lo que pensaba. Rápido, tomó la mano de su amiga y dijo:
—Amelia, entre nosotras no debe haber dudas ni malos entendidos. Entiendo cómo te sientes. Quería darte esta tarjeta desde hace tiempo, pero pensé en esperar hasta que el señor Romero nos pagara por el proyecto y dártela toda junta. Esta tarjeta me la entregaron apenas hace un par de días, antes de que pasara todo esto. Lo de compensación lo dije para que no te sintieras incómoda.
Amelia bajó la mirada y murmuró:
—Erika... solo tenía miedo de que me malinterpretaras...
Erika respondió con una sonrisa amable:
—Qué tontería, no digas nada más. Cuando lleguemos al lugar, te mostraré unos documentos.
Como Amelia seguía sin tomar la tarjeta, Erika abrió directamente la bolsa de su amiga, la metió adentro y añadió:
—Esto no te lo estoy regalando, te lo ganaste con tu esfuerzo. Además, aunque dejaste tu trabajo en Tiempo Efímero, cada fin de semana acompañas a los niños al set. Eso también es parte de la gestión del proyecto, ¿verdad? El dinero de eso también está incluido aquí. Ahora sí, arranquemos.
Amelia no dijo nada más, pero su rostro reflejaba una profunda emoción.
Una vez que llegaron al registro, Erika sacó unos papeles y se los pasó a Amelia para que los revisara.
Al leer su propio nombre en ellos, Amelia la miró atónita, y con los labios ligeramente temblorosos por la emoción, exclamó:
—Erika, yo... yo no puse ni un centavo para este estudio, ¡¿cómo me nombras Gerente General?!
Erika la llevó hacia un rincón más tranquilo, y le dijo en voz baja:
—Esto no tiene nada que ver con nuestra amistad, es un reconocimiento a tu capacidad profesional.
Aún insegura, Amelia intentó rechazar el cargo:
—Erika, si esto todavía no es oficial, prefiero que lo cambies. Con ser tu asistente o tu fotógrafa estoy más que bien. Este puesto me queda grande, no creo poder con tanta responsabilidad.

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