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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 51

Valerio no mostró esa expresión; simplemente se acercó a toda prisa y le preguntó con preocupación:

—¿Qué pasa? ¿La comida te cayó pesada? Nunca me haces caso, siempre andas comiendo porquerías en la calle.

La preocupación fingida de Valerio, a los ojos de Erika, era tan realista e impecable como siempre.

Aprovechando que la alta figura de Valerio bloqueaba la vista de Ireneo, Erika le lanzó una mirada fulminante. A cambio, solo recibió una sonrisa burlona y sarcástica por parte de él.

Al ver su actitud, Erika sintió un nudo en la garganta. Estaba harta. Si no fuera por el abuelo, ¿qué necesidad tenía de estar ahí actuando? Si no fuera por él, ¿por qué tendría que soportar que Valerio la humillara de esa manera? ¿Acaso no había otra forma de no alterar al abuelo? ¿Iba a permitir que Valerio siguiera manipulándola a través de su único punto débil y la mantuviera atada a su lado solo por capricho?

A pesar de todo, Erika aguantó su rechazo, suavizó la voz y dijo:

—Valerio, estoy bien.

Dicho esto, se acercó a Ireneo con naturalidad:

—Abuelo, la última vez que vine fue justo porque andaba mal del estómago, regresé a casa a llevar una dieta blanda por un buen tiempo y funcionó. Pero hoy fue mi culpa por glotona, comí algo que me cayó mal y por eso me dieron náuseas. Ya me voy a portar bien y no voy a andar comiendo chucherías por ahí.

Ireneo mantenía una sonrisa indescifrable que ponía a Erika muy nerviosa.

Si salía a la luz lo de su embarazo, de verdad no sabía qué sería de ella. No podía dejar que Valerio se enterara, y mucho menos Ireneo.

Uno definitivamente la obligaría a deshacerse de los bebés, y el otro la obligaría a tenerlos y a quedarse atrapada en esa casa. Eso solo provocaría un dolor de cabeza enorme, y a lo mejor hasta terminaría sacrificándose por los niños. ¿Acaso podía llegar al extremo de quedarse encerrada como una simple ama de casa y hacerse de la vista gorda mientras su marido tenía a otra mujer por fuera?

—Qué bueno que no es nada. Ustedes los jóvenes nunca comen a sus horas y siempre andan de antojados. Tienen que cuidarse más. Si no, ¿cómo va a aguantar tu cuerpo cuando te embaraces? —dijo Ireneo, sin dejar de lanzar una mirada de reojo al vientre de Erika.

Al notar su mirada, Erika cambió rápidamente de tema:

—Abuelo, tú descansa, voy a ir a comprarte tus postres. Regreso en una hora más o menos, ¿te parece?

Ireneo asintió enérgicamente. Curiosamente, esta vez no le ordenó a Valerio que fuera a comprarlos, ni le pidió que mandara a alguien.

Llena de dudas, Erika se levantó, se quedó callada unos segundos y salió de la habitación.

En cuanto se fue, Ireneo le pidió a Valerio que se asomara a la puerta para ver si ya se había alejado.

Valerio le hizo una seña a Diego, que estaba afuera, y este le confirmó con un gesto que Erika ya se había ido.

Entonces, Ireneo jaló a Valerio y le susurró:

—Lo de Eri... Muchacho tonto, ¿de verdad no notaste nada raro?

Valerio tragó saliva, acercó una silla y se sentó lentamente al lado de Ireneo.

—Se metió a un curso de fotografía y está muy ocupada estudiando. Ya ves, hoy le tocó descanso y vino corriendo a verte, hasta se ofreció a ir a comprarte tus postres. ¿Qué problemas podríamos tener?

Al ver que Valerio no cedía, Ireneo soltó un suspiro, sacudió la cabeza y dijo:

—Está bien, te la paso por ahora. Pero más te vale que no me entere de que la tratas mal. En su momento, ella no solo me salvó la vida, yo...

Ireneo dejó la frase en el aire y miró a Valerio con una expresión indescifrable. Pasó un buen rato antes de volver a hablar:

—Valerio, hazle caso a tu abuelo, llévatela bien con Eri. Es una gran muchacha, confía en mi buen ojo.

Valerio torció un poco la boca, dudó un par de veces, pero terminó diciendo con semblante serio:

—Abuelo... ¿Y si Eri no es tan buena como crees? ¿Qué tal si ni siquiera siente nada por mí...?

—¡No digas tonterías! Si ella no siente nada por ti, ¿entonces por quién? Parece que gastaste todas tus neuronas en los negocios. Ponte a pensar tantito, ¿cómo te trata Eri? —Ireneo lo cortó en seco de forma severa en cuanto Valerio quiso abrir la boca.

Valerio bajó la cabeza, guardando silencio como una tumba.

Ireneo se enfureció al verlo así y le reprochó:

—A ver, dime, cuando se casó contigo, con solo que le dijeras que no saliera a trabajar, ¿acaso no guardó enseguida todo su equipo de fotografía? ¡Y no solo eso! ¿Acaso no exigiste que el matrimonio fuera un secreto y la pobre no te dio ni un pero? Piensa un poco, ¿qué muchacha no sueña con una boda romántica y espectacular, de esas que todo el mundo presume? Y dime, a fin de cuentas, ¿tú qué le diste?

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