Erika escuchó y también frunció el ceño; Amelia preguntó sin entender: —Erika, ¿por qué te dio por preguntar eso?"
Hace un momento había bajado a charlar con Erika y ella no parecía interesada, pero ahora había subido a buscarla para indagar más.
Erika negó con la cabeza y respondió con suavidad:
—Nada, al tomarle fotos la noté muy tímida, no como las clientas famosas de Tiempo Efímero, que son tan extrovertidas; fue pura curiosidad.
—Uy, sobre esa chica, seguro que todavía no la has visto en redes sociales. A simple vista se nota que es nueva, pero el Grupo Horizonte ha gastado muchísimo dinero solo para hacerle unas fotos; seguramente piensan lanzarla a lo grande.
Apenas Amelia terminó de hablar, llamaron a la puerta de la oficina y se escuchó la voz de la recepcionista, Tatiana:
—Señorita Milán, señorita Chávez, tenemos una visita, ya lo pasé al...
Las palabras de Tatiana se cortaron de golpe. Inmediatamente, la puerta se abrió de par en par.
La imponente figura de Valerio Ramírez entró con grandes zancadas.
Llevaba un ramo de rosas de un tono rosa pálido y una caja de postres que dejó directamente sobre la mesa de centro apenas cruzó el umbral. Luego, sin ningún reparo, tomó asiento en el sofá.
Erika echó un vistazo a la mesa; esos postres eran los que a ella y a su abuelo más les gustaba ir a comer en el pasado.
Y sobre las rosas... Valerio siempre odió el color rosa; que precisamente hubiera comprado de ese color le hizo sospechar a Erika que estaba fingiendo su amnesia.
Amelia cruzó miradas discretamente con Erika y luego se inclinó para susurrarle al oído:
—¿No se suponía que había perdido la memoria? Hasta aquí vino a dar, tsk, tsk... Mejor me retiro.

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