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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 530

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Erika miraba a través de la lente de la cámara, ajustando cuidadosamente los ángulos y la iluminación. La voz suave y la belleza serena de Milena le resultaban muy agradables.

De pronto, sintió cómo esa profunda alegría que solo le brindaba su trabajo volvía a invadirla.

Tras tomar varias fotos, llegó el momento de cambiar la postura.

Sin embargo, aunque Milena intentó cambiar de pose varias veces, Erika sentía que la composición aún no era perfecta, así que se apartó de la cámara y se acercó a ella.

Como ese estilo de fotografía clásica y elegante no admitía mostrar demasiada piel, Erika se agachó a la altura de las rodillas de Milena para acomodar la apertura del vestido y mover suavemente sus piernas hasta lograr una postura natural y refinada.

Pero en ese instante, notó que en los muslos de Milena se asomaban unos oscuros y horribles moretones.

Erika se quedó paralizada por una fracción de segundo antes de levantarse rápidamente.

Milena se dio cuenta de inmediato de que Erika había visto los golpes, y una ola de pánico e incomodidad la cubrió por completo.

Para evitar que la chica se sintiera más humillada y eso arruinara la atmósfera de la sesión, Erika fingió no haber visto nada. Caminó de regreso a su cámara y le dijo con una sonrisa profesional:

—Listo, señorita Milena, siéntate así. No te muevas, las tomas serán rápidas.

Con un gran profesionalismo, Erika volvió a sumergirse en la sesión y terminó las fotografías planeadas para ese día en tiempo récord.

Manteniendo su actitud cálida, se dirigió a Milena:

—Hemos terminado por hoy. Puedes decirle a tu asistente que te ayude a desmaquillarte y cambiarte para que regresen a descansar.

Milena caminó a paso lento hacia Erika y murmuró, titubeando:

—Señorita Milán... lo que vio hace un momento... ¿podría mantenerlo en secreto?

Erika, sin perder el temple, fingió demencia y preguntó:

—¿A qué te refieres, Milena?

Milena comprendió de inmediato que Erika estaba dispuesta a protegerla. La miró a los ojos, con el rostro inundado de gratitud, y susurró:

—Gracias.

Erika le dio unas palmaditas reconfortantes en la espalda.

—Ve tranquila. Nos vemos en tu próxima cita.

Esas marcas en el cuerpo de Milena fueron hechas a propósito, sin duda la habían lastimado.

Y por la zona en la que se encontraban —en los muslos— lo más probable era que un hombre se lo hubiera hecho. Pero como dijo Amelia, Milena apenas parecía ser mayor de edad, era solo una niña.

El instinto de Erika le decía que alguien estaba abusando cruelmente de ella. ¿Podría ser su novio?

Pero, ¿qué clase de monstruo tendría el corazón para lastimar a una chica tan frágil y dulce?

Erika quería autoconvencerse de que no era asunto suyo. Sin embargo, no podía borrar de su memoria la mirada de Milena: esa mezcla de profunda humillación y terror absoluto. Era la misma expresión de miedo a los golpes y al abuso que ella misma tuvo en su infancia.

Pensando en todo eso, guardó la cámara en su estuche y subió rápidamente a la planta alta.

Al ver a Amelia cruzando el pasillo, la jaló del brazo y la metió en su oficina privada.

—Amelia, hace un momento dijiste que notaste algo raro en Milena. ¿Qué fue?

Amelia frunció el ceño, haciendo memoria, y explicó:

—Cuando la acompañé a la planta baja, me di cuenta de que estaba aterrorizada. Al principio pensé que le daban miedo las escaleras porque las de nuestro edificio son más empinadas de lo normal, creí que sufría de vértigo. Pero al llegar al pasillo, las luces de sensor se demoraron un segundo en prender y juro que vi cómo temblaba. Me dio la impresión de que le aterraba la oscuridad... Aunque, bueno, igual y son ideas mías.

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