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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 54

En el camino, Erika se sentía como si le hubieran robado el alma. Era obvio que no iba a poder ocultárselo por siempre; lo que Valerio quería averiguar, siempre lo terminaba sacando a la luz.

Su insensibilidad y crueldad eran exactamente las mismas que ella siempre había imaginado.

¿Qué iba a hacer ahora? Cuando Valerio se ponía loco, no le importaba pisotear a quien fuera.

Desde el momento en que había decidido tener a los bebés, se juró a sí misma protegerlos con todo su ser. Pero, ¿y ahora?

No debió haberlo provocado, tendría que haber pensado en sus hijos y alejarse de él lo más posible.

Cuando Erika llegó hecha un trapo a casa de Martina, se encontró con Adrián sentado en el sofá de la sala, como si la estuviera esperando.

—Adrián, ¿estás bien? —Erika ocultó su angustia, soltó rápido su bolsa, se cambió los zapatos y corrió hacia él—. Cuando me salí del restaurante te marqué y no contestaste. Perdóname, Adrián, la culpa de todo esto es mía.

Adrián se levantó del sillón despacio y se le quedó viendo fijamente un buen rato:

—Yo estoy bien, ni te apures. Pero, ¿qué cara traes? ¿Te hizo algo malo? ¿O qué pasó?

A medida que hablaba, el tono de Adrián se fue agriando, con ganas de salir disparado a buscar a Valerio para arreglar cuentas.

Erika negó con la cabeza y se dejó caer exhausta en el sillón.

—No... ya sabes cómo es, cree que todo el mundo gira a su alrededor. Si no fuera por el abuelo Ireneo...

Adrián se sentó a su lado. Al ver que dejaba la frase a medias, le preguntó con preocupación:

—Si no fuera por el abuelo Ireneo, ¿qué piensas hacer?

—Eri, si eso es lo que quieres, te apoyo al cien. Pero no se te olvide que, sin importar cuándo necesites un favor, yo aquí estoy para ti.

Las palabras tan sinceras de Adrián conmovieron a Erika, pero también la hicieron sentir un tanto incómoda.

De alguna manera, en su mente sentía que cada vez se estaba endeudando más con él.

A través de Martina se había enterado de que a Adrián le estaba yendo excelente en el extranjero, y que había regresado al país de prisa solo por ella.

Y aun volviendo, por miedo a molestarla, se dedicaba a apoyarla en secreto. Eso la hacía sentir fatal, y más aún después de la amenaza que le había soltado Valerio ese día sobre querer destrozar a Adrián.

Erika iba a agregar algo, pero el celular sonó desde su bolso avisando de un mensaje.

Lo sacó para revisar: eran dos mensajes de Catalina.

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