[Eri, ¡no manches, tu estrategia fue buenísima! Lorena se portó mil veces mejor en las fotos de la tarde.]
[Oye, otra cosa... ¿de pura casualidad te peleaste con alguien pesado? Le anduve preguntando a los de Recursos Humanos y me soltaron que, mientras estabas en tu entrevista, un tal Álvarez les marcó. Por lo visto es alguien poderoso, presionó al Estudio Blanco y dijo con todas sus letras que por nada del mundo te dieran el trabajo.]
Erika se quedó mirando el celular con el ceño fruncido y la mente en blanco.
¿De apellido Álvarez? ¿A quién más conocía con ese apellido que no fuera a Diego?
Y si en verdad era Diego, seguro fue por órdenes de Valerio. Pero, ¿por qué ensañarse así y bloquearle hasta la oportunidad de trabajar?
Al pensar en eso, los dedos comenzaron a temblarle.
Adrián notó cómo se le descomponía el rostro y le preguntó mortificado:
—Eri, ¿de quién es el mensaje? ¿Qué pasó?
Erika dudó un instante y le pasó el teléfono a Adrián:
—Es una conocida. Hoy fui a buscar trabajo al Estudio Blanco y me la topé ahí. Según yo, mi entrevista había salido perfecta, pero la reclutadora agarró una llamada de repente y me rechazó de inmediato. ¿Crees que ese tal Álvarez sea Diego?
Adrián clavó la mirada en la pantalla y no tardó en fruncir el ceño:
—Híjole, está difícil asegurarlo... Digo, en teoría, Valerio no tendría ningún motivo para no dejarte trabajar ahí.
Erika, recordando de pronto que Lorena grababa sus comerciales en ese estudio, ató cabos:



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón