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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 546

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Con la mano aún apoyada en el hombro de Erika, Martín Falcón esbozó una sonrisa cargada de malicia.

La sostuvo lentamente por ambos hombros, clavando su asquerosa mirada en aquel rostro hermoso y delicado.

Luego, recostó suavemente la cabeza de Erika contra el respaldo de la silla, se inclinó un poco hacia adelante y usó sus dedos ásperos para levantarle el mentón.

Bajo la luz de la lámpara de cristal, el rostro de Erika tenía un rubor natural que hacía que su piel luciera tan suave que parecía de porcelana.

Sus cejas ligeramente fruncidas le daban un aire de vulnerabilidad que despertaba instintos protectores, y bajando desde el entrecejo, la línea de su nariz era recta, pequeña y perfecta.

Más abajo, sus labios rojizos y brillantes estaban entreabiertos, dejando escapar una respiración apenas perceptible.

Unos cuantos mechones de cabello caían sobre sus mejillas, dándole un aspecto perezoso y encantador. Era, sin lugar a dudas, la viva imagen de una princesa dormida.

Esas actrices de quinta que tenía en su agencia jamás podrían compararse con una mujer como ella.

Por un momento, Martín se quedó embelesado, sintiendo cómo el deseo lo consumía, y no pudo evitar murmurar:

—De verdad eres una obra de arte. Con razón hasta Valerio Ramírez anda detrás de ti. Pero, mírate, eres la esposa de Leonardo Romero y andas coqueteando con Valerio a sus espaldas... Para mí que no eres más que una mujerzuela. Esta noche no vas a escapar de mis manos.

Con una sonrisa nauseabunda en el rostro, Martín se dispuso a levantar a Erika en brazos, cuando de pronto... ¡BAM! Un estruendo ensordecedor sacudió la habitación. La pesada puerta de madera había sido pateada con brutalidad.

La imponente figura de Valerio Ramírez apareció en el umbral. Cuando sus ojos captaron a Martín tan cerca de una Erika inconsciente, el infierno se desató.

Sin esperar a que Diego ordenara entrar a los guardaespaldas, y sin darle a Martín siquiera la oportunidad de articular una palabra, Valerio se lanzó hacia adelante.

Con los ojos ardiendo en una furia demencial, dio un salto y conectó una patada demoledora directo al estómago de Martín.

Martín soltó un alarido de agonía. El impacto lo lanzó violentamente hacia atrás hasta estrellarse de lleno contra el suelo.

Mientras caminaba hacia la puerta, ordenó con voz sepulcral:

—Asistente Diego, detengan a todos los involucrados.

Apenas Valerio salió al pasillo, Ian Osorio llegó corriendo, tratando de recuperar el aliento. Habló a toda velocidad:

—Primo, ya lo confirmé. Le pusieron un sedante en el jugo. Solo hace dormir a la persona, no tiene ningún otro efecto dañino. Con un buen descanso se le pasará. Ya preparé un área de hospedaje en el patio trasero. Sígueme, instálala ahí y luego te doy los detalles.

Valerio le lanzó una mirada gélida. Ian no se atrevió a demorarse más; les hizo una seña a los guardaespaldas de la entrada para que entraran a ayudar a Diego y caminó rápidamente por delante para guiar el camino.

Dado que la propiedad era gigantesca, había un buen trayecto desde la zona de restaurantes hasta las habitaciones.

En el camino, Ian no dejaba de mirar de reojo a Valerio.

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