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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 550

Mientras hablaba, Valerio extendió su mano grande y usó el pulgar para limpiar suavemente las lágrimas que resbalaban por las comisuras de sus ojos.

Pero en cuanto limpiaba una lágrima, otra caía de inmediato. Lo intentó varias veces, pero el llanto no cesaba.

A pesar de estar llorando, Erika no emitía ningún sonido, ni tenía la expresión de una mujer frágil buscando consuelo.

Bajo esas lágrimas transparentes, en sus ojos comenzaba a arder una furia tan profunda que parecía esconder un odio mortal.

Unos segundos después, Erika apartó la mano de Valerio de un manotazo y lo miró con una frialdad absoluta:

—¡¿Qué me hizo ese animal de Martín Falcón?! ¡¿Dónde está?!

Su voz estaba impregnada de una rabia feroz. Había hablado con tanta fuerza que su rostro se había puesto rojo y las venas de su pálida frente se marcaban de forma evidente.

Perdiendo el control de sus emociones, Erika se incorporó de golpe, agarró a Valerio por el cuello de la camisa con ambas manos y le gritó:

—¡Ramírez! ¡Te estoy haciendo una pregunta!

Valerio frunció el ceño. Le habían cambiado toda la ropa y él era quien estaba junto a su cama, pero ella ni por un segundo sospechó que él le hubiera hecho algo. ¿Simplemente dio por hecho que Martín Falcón la había ultrajado?

—Eri, no pasó absolutamente nada. Tranquilízate primero —le pidió Valerio con voz suave.

En ese momento, alguien llamó a la puerta con golpes pausados.

Valerio tomó una almohada extra, la colocó detrás de la espalda de Erika y le aconsejó:

—No pienses tonterías. Recuéstate y descansa, iré a abrir la puerta.

Pero justo cuando Valerio se dio la vuelta, Erika lo agarró del brazo. Con el rostro bañado en lágrimas, le preguntó:

—¡¿De verdad estás diciendo la verdad?!

Valerio asintió con firmeza. Solo entonces, Erika soltó su brazo lentamente.

Lo que ella no pudo ver fue que, en el instante en que Valerio se giró hacia la puerta, una sonrisa de profunda satisfacción se dibujó en sus labios.

Al abrir la puerta, encontró a Amelia Chávez, que lo miraba con evidente angustia:

—Buenos días, señor Ramírez. Erika... ¿cómo está ella?

Capítulo 550 1

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