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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 551

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—Menos mal, menos mal que no pasó a mayores. ¡Qué barbaridad, salir a comer y terminar en peligro, casi me da un infarto! Erika, no llores más, ya pasó todo.

Erika, tras escuchar las palabras de Amelia, se quedó paralizada por un momento, intentando asimilarlo todo.

No entendía por qué Martín se había ensañado con ella. Aunque el hombre siempre tenía una mirada lasciva, no tendría por qué fijarse en ella; ¡apenas y se habían cruzado unas cuantas veces!

Además, qué atrevimiento. Teniendo esposa e hijos, ¿no le importaba cometer un delito?

Sabía que Diego no mentiría sobre lo ocurrido la noche anterior, y mucho menos Amelia cambiaría el sentido de la historia al repetirla.

Pero a Erika aún le costaba creer que Milena fuera ese tipo de mujer. Detrás de esa apariencia frágil y dulce, ¿cómo podía esconder un corazón tan retorcido?

Los pensamientos de Erika seguían a la deriva cuando, de pronto, Amelia preguntó:

—Erika, ¿te cambiaste de ropa?

Apenas lo dijo, echó un vistazo hacia la puerta, se acercó más a Erika y le susurró:

—Diego me comentó que anoche tenías fiebre, que el señor Ramírez mandó llamar a un doctor y se quedó velando tu sueño toda la noche. Así que esa ropa... te la debió haber cambiado él, ¿verdad?

Al segundo siguiente, Amelia se tapó la boca.

—Perdón, Erika, a veces hablo de más...

Erika guardó silencio unos instantes. Sin responder directamente al comentario, dijo en voz baja:

—¿Te duele la cabeza? A mí me está matando.

Amelia asintió con rapidez.

—Sí, cuando me desperté sentía que la cabeza me iba a explotar, y todavía me duele horrores.

Apenas terminó de hablar, se escuchó un ruido en la puerta.

Ambas miraron al mismo tiempo y vieron entrar a Valerio Ramírez seguido por una empleada del lugar.

Erika se paralizó y miró hacia la puerta; Amelia ya había desaparecido.

Sintiéndose invadida por la incomodidad, volvió a sentarse en la silla. Esa ropa que llevaba puesta...

Era más que seguro que él se la había cambiado. Pensar en que, mientras dormía, él le había quitado sus prendas una por una, la llenaba de una vergüenza que la hacía querer esconderse bajo tierra.

Pero había sido gracias a su aparición que logró salvarse de ser mancillada por ese asqueroso y pervertido de Martín Falcón. ¿Qué podía reprocharle ahora?

Erika se sentó abatida. Tardó un buen rato en recuperar la compostura.

Un momento... Desde que Valerio había empezado con los síntomas de amnesia en el hospital, nunca la llamaba "Eri". Solo se dirigía a ella como "señorita Milán" o "Erika".

Sin embargo, no se apresuró a desenmascararlo. Más que eso, le urgía saber por qué Martín Falcón había intentado hacerle daño.

Frente a su mirada, Valerio acercó una silla y se sentó frente a ella.

—Aguanta el dolor de cabeza un poco más, las pastillas tardan en hacer efecto. ¿Sientes alguna otra molestia?

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