Magdalena asintió y respondió con tono amable:
—Me parece muy bien. Según leí en la información de tu estudio, ¿te especializas en la fotografía tradicional?
—Así es.
Magdalena continuó indagando:
—La cámara que te regaló Valerio Ramírez... ni hablemos del dineral que cuesta. Escuché por ahí que movió mar y tierra y dedicó mucho tiempo a conseguirla. Qué suerte tienes, señorita Milán.
Erika se percató de que Magdalena no paraba de mencionar a Valerio Ramírez de una u otra forma. No sabía qué intenciones ocultas traía.
Si a eso le sumaba la manera tan íntima en que Magdalena se comportaba frente a Valerio durante el banquete de aquella noche... ¿Acaso Magdalena sentía algo por él?
Si era así, le convenía averiguarlo. De ser cierto, podría incentivarla para que ella se fuera detrás de Valerio; así, Erika al fin tendría un poco de paz y tranquilidad.
Pensando en eso, Erika miró a su alrededor y señaló hacia un lugar no muy lejano:
—Si la señorita Magdalena no tiene prisa por encontrarse con sus amigos, ¿qué le parece si nos sentamos por allá?
Magdalena asintió:
—Estaba a punto de proponerle lo mismo.
Ambas caminaron hacia la zona de descanso. Mientras iban, Magdalena comentó:
—Hoy no vine a divertirme, fíjate. Este parque de diversiones es de mi tía y vine a echar un ojo para ver cómo van las cosas. Como puedes ver, está en las afueras y es nuevo, así que casi no hay visitantes. Estoy pensando en sugerirle que construya un complejo vacacional aquí dentro.
Erika respondió con tono afable:

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