En cuanto Erika terminó de hablar, Magdalena soltó una carcajada abierta:
—La señorita Milán dice que no es buena para socializar, pero con esa agilidad mental y su inteligencia emocional, supera por mucho a todo mi equipo de trabajo.
—Me halaga, Magdalena. Pero mis amigos deben tener sed, así que no me quedaré mucho más tiempo —Erika se puso de pie con lentitud y añadió con un tono cargado de significado—: Muchas cosas en la vida se tienen que pelear; si solo te sientas a esperar, nunca llegan. Hasta luego, Magdalena.
Magdalena observó la figura de Erika alejarse, entrecerrando ligeramente los ojos.
En el pasado, cualquier fotógrafo que se le acercaba la trataba como si fuera de la realeza, llenándola de adulaciones.
Pero esta tal Erika mantenía una postura digna, sin ser sumisa ni arrogante.
Si no tuviera a alguien poderoso respaldándola, ¿de dónde sacaría tanta confianza y elegancia?
Además, una fotógrafa poco conocida no debería tener la capacidad de abrir un estudio tan grande, y por lo que había escuchado, conseguir una cita con ella ahora era casi imposible.
Magdalena analizó la última frase de Erika. Al principio no la entendió, pero uniendo todas las piezas, ¿le estaba sugiriendo que fuera tras Valerio Ramírez?
¿De verdad Erika no tenía nada que ver con él?
...
Al día siguiente.
Los niños ya se habían ido a la escuela.
Erika organizó el trabajo en el estudio y llamó a Diego:
—Diego, el asunto con Martín Falcón ya está arreglado. Sin embargo, no quieren el dinero.
Diego preguntó de inmediato:
—Señorita Milán, ¿qué significa eso?

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