Al llegar al restaurante, Adrián le pidió a Erika que se sentara y pidió varios platillos nutritivos antes de retomar el tema de lo que acababa de pasar:
—¿Esa muchacha se llama Carla?
Erika negó con la cabeza, dudando:
—Se me hace de vista nada más, por ahora solo ubico a un par de personas cerca de mi lugar. ¿Qué pasó, Adrián?
Mientras le servía agua, él respondió:
—No te apures. Hoy vine a verte para checar si el trabajo te estaba pesando. Iba por el pasillo y, sin querer, escuché una plática en las escaleras. Alguien le ordenó a esa Carla que te pusiera el pie; no alcancé a oír bien qué iban a hacer exactamente. Quise asomarme para ver quién más estaba ahí, pero la tal Carla salió sola, y cuando entré, ya no había nadie.
Al escuchar esto, Erika frunció el ceño. ¿Gente que ni la topaba quería hacerle daño? ¿Por qué? Apenas era su primer día y no se había peleado con nadie.
Mientras trataba de entender, de pronto recordó lo que Adrián le había dicho a la muchacha hace rato, algo que la hizo palidecer de golpe.
—Adrián, ¿entonces qué le dijiste a esa chica, Carla?
—Le dije que, saliendo del trabajo, fuera a pedirte perdón y te dijera quién le ordenó molestarte, o de lo contrario, me encargaría de que no vuelva a conseguir trabajo en este medio.
La expresión de Adrián era súper seria, e incluso su mirada tenía un brillo gélido.
Erika dudó un momento antes de asentir; con razón la muchacha se había puesto blanca del susto.
Pero, si alguien estaba manipulando a Carla, y no eran amigas cercanas, lo más probable es que a la pobre la hubieran amenazado para hacerlo.
En eso, Adrián volvió a preguntar:
—Me platicó Luciano que la tal Vanesa te habló mal, ¿es cierto?
—Adrián, vine a trabajar —dijo Erika—. Ya me hiciste sentir como si hubiera regresado a la escuela y trajera a mi tutor conmigo.
Adrián vio que Erika ya tenía ánimos para bromear y sintió un gran alivio.
El día que Luciano regresó al país, él fue a recogerlo al aeropuerto y pensaba verse con ella en la tarde. Pero la llamó mil veces y no le contestó, hasta que le mandó un mensajito diciendo que se sentía mal y que se verían después.
Cuando por fin fue a buscarla a casa de Martina, Erika se veía pésimo, como si hubiera recibido un golpe durísimo, y por más que le preguntó, no quiso soltar ni media palabra.
Al sentirla tan mal esos días, verla hoy platicando y riendo lo dejaba mucho más tranquilo.
Al recordar todo eso, Adrián volvió a ponerse serio y le advirtió:
—Eri, tienes que recordar en todo momento que estás en una situación especial. Si alguien intenta manipularte o de plano molestarte, no hagas corajes ni te pongas a pelear con ellas. A la primera que pase algo, vas y le dices a Luciano, o me marcas a mí, ¿entendido?

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