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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 67

Viendo los abundantes platillos que el mesero ponía frente a ella, y escuchando a Adrián, Erika sintió que sintió que el pecho se le aflojaba un poco. Habló despacio:

—Adrián, yo me sé cuidar sola. Tienes muchísimo trabajo en tu empresa y todavía te tomas la molestia de venir a checar mis cosas, me da mucha pena contigo.

—Qué bueno que vine, ¿ya te pusiste a pensar qué hubiera pasado si esa tal Carla te tira al piso otra vez? Cuando salgas, te voy a llevar para que la esperemos en el estacionamiento; esto lo tenemos que aclarar sí o sí.

Al escucharlo, a Erika también le dio escalofríos pensarlo y aceptó de inmediato.

Al llegar la hora de salida, Adrián le mandó un mensaje pidiéndole que fuera al estacionamiento.

Cuando Erika terminó de recoger sus cosas y bajó, vio a Adrián recargado en su coche, y a unos metros de él estaba Carla.

Al ver que Erika se acercaba, Carla agachó la cabeza, avergonzada.

Erika le echó una mirada rápida y luego volteó a ver a Adrián.

Él le hizo un gesto afirmativo con la cabeza, se dirigió a Carla y, en tono seco, le dijo:

—¿Vas a soltar la sopa aquí, o nos vamos a otro lado?

Carla lo pensó un segundo y contestó:

—Mejor... en otro lado.

Sin decir más, Adrián abrió la puerta, dejó que Erika subiera primero y luego le hizo una seña a Carla para que subiera en la parte de atrás.

Adrián manejó hasta un lago en las afueras de la ciudad:

—Bájense.

Carla empujó la puerta apresurada y se bajó, apresurándose a abrirle la puerta a Erika también.

Para este punto, Erika ya estaba boquiabierta. ¿Cómo era posible?

Apenas si se había hecho de palabras con Vanesa en la oficina, ¡y esa mujer ya quería usar trucos tan bajos para hundirla!

¡Se pasaba de maldita!

La grabación terminó ahí. Carla apagó la grabadora, observó la molestia en el rostro de Erika y, con la cabeza agachada y un tono de lo más sincero, le dijo:

—Perdóname, Erika. Ya lo escuchaste, Vanesa me tenía amenazada. Ella es la fotógrafa estrella del estudio y acaba de cerrar ese proyectazo con Grupo Ramírez... Yo, como simple becaria, no tengo ni cómo ponerme a pelear con ella...

Erika frunció el ceño y le preguntó en un tono no tan severo:

—Pero pudiste ir a decirle al jefe, ¿por qué te quedaste callada?

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