—Señorita Balderas, Blanca.
La voz de Julia delataba un nerviosismo que intentaba ocultar, pero era evidente en su rostro. A su lado, Joaquín no mostraba el menor interés; con una pierna moviéndose sin control y la postura desgarbada, parecía que ni siquiera le importaba estar ahí.
—Si sigues moviendo la pierna, no me molestaría nada en doblártela. Tranquilo, cuando acabemos de platicar te la devuelvo en su sitio —aventó Vanesa, dejando caer la frase con una media sonrisa que no terminaba de ser amable ni tampoco una amenaza. Era tan ligera su forma de decirlo, pero el mensaje fue claro. Joaquín tragó saliva, incómodo, y se frotó la nariz con torpeza, deteniendo por fin su pierna inquieta.
—Tomen asiento —indicó Vanesa, levantando apenas el mentón. Su gesto era tan despreocupado, pero al mismo tiempo transmitía una autoridad imposible de discutir.
Joaquín quiso replicar, pero Julia le jaló discretamente la manga de la camisa.
—¡Tsk! —bufó él, fastidiado, pero terminó por sentarse.
—Tú dijiste que solo aceptas canciones de Moon y nada más, ¿verdad?
—¡Por supuesto! Nadie más que Moon está a mi nivel —replicó Joaquín, entrelazando las manos detrás de la cabeza y recargando la silla hacia atrás, con esa actitud de que nada ni nadie le importaba.
En ese momento, Iker, sentado justo enfrente de Joaquín, estiró las piernas como si nada y, con toda la intención del mundo, terminó dándole un leve toque en el pie.
Joaquín perdió el equilibrio al instante.
—¡Ey! —soltó un grito, aferrándose a la orilla de la mesa. La movió tanto que la madera rechinó —¡creak!—. El resto frunció el ceño, pero Joaquín, como si hubiera salvado la vida, soltó un suspiro de alivio.
—Perdón, tengo las piernas largas —dijo Iker, con una expresión de inocencia absoluta, aunque ni de lejos parecía arrepentido. Joaquín le lanzó una mirada asesina, apretando los dientes, pero antes de que pudiera decir algo, Vanesa lo interrumpió. Julia ya estaba de pie, colocando la mesa en su sitio.
—Entonces, ¿en qué fecha estaba planeado que debutara?
—A finales de este mes... —respondió Julia, agachando aún más la cabeza.



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